lunes, 1 de septiembre de 2014

Overcoming Writer's Block?

So much to share. So many adventures from the summer, yet, so little words flowing. I guess it's because there has been much to be taken care of, enough for an army, and just one of me. And yes, this is just a two-minute break, because I cannot be kept away from this little "space of mine" in cyberspace. Just like Shwarzeneger said in Robocop; I shall be back.

Have faith my dear readers. I ask thee for a bit more patience.

jueves, 14 de agosto de 2014

Que en Paz Descansen

Hoy amanecí melancólica. Debe ser que al verano 2014 le ha faltado sol, o que me he enterado de muchos que han dejado la realidad humana. Así pues, antes de compartir lo que podría calificar como uno de lo mejores veranos de mi vida, quiero hacer una pausa y recordar con todo y mi ojito Remi a algunos que han partido y que invaden hoy mis pensamientos. He aprendido a seguir adelante después de enfrentar la enorme tristeza de perder a alguien por quien daríamos todo, hasta la vida misma, pero sigo aprendiendo de esta "ley de la vida" con la que casi nunca estoy de acuerdo. Me disculpo por mi testarudez, pero es así... no me gusta.

Claro está que al retrasar la cinta de los recuerdos hasta los más antiguos con seguridad me equivoco en el orden. Sin embargo, me parece que el primero fue ese apuesto hombre español que me acercó al piano en cuyo regazo me sentaba a cada ocasión que podía para tocar música juntos, o bueno, así era como yo lo expresaba orgullosamente. Los recuerdos son pocos y un tanto vagos, pero sé que mi corazón tiene un espacio en donde guardo esas memorias con mucho cariño. Era guapo y apuesto, pero lo mejor de todo, es que era muy amado. Su esposa, al día de hoy, casi 35 años después, sé bien que en conversaciones sobre su apuesto príncipe se le inunda la mirada. Un amor como ningún otro.

Luego estuvo ese viejecito de apenas 1.60 m que me solía regalar bolsas pan dulce con garibaldis y cuernitos calientitos. Tengo una imagen muy viva de él en mi fiesta de cumpleaños número cuatro. Recuerdo cuando llegó llevaba a mi viejecita preferida del brazo. Ella se fue a los 80 años, justo como siempre lo predijo, o lo prometió, no sé. A ella la recuerdo sobre todo en aquel terremoto de 1985 y sus ocurrentes comentarios, ah, y porque llegó con su equipaje para hospedarse con nosotros unos días, dado que aunque por fortuna a su apartamento no le había pasado nada, el edificio estaba en medio de la destruida colonia Roma. Ella llevaba todo lo necesario, maquillaje incluido, pero su medicamento para controlar la presión arterial estaba sobre la mesa del comedor, lo había olvidado. Lo mejor; ni siquiera sabía el nombre, así que mi papá tuvo que volver a literalmente atravesar escombros de edificios caídos para poder recuperar susodicha medicina.

Otra fue mi querida viejecita que parecía no romper un plato ante mis ojos, pero que dicen era durísima cuando se desempeñaba como enfermera instrumentista en el Hospital Inglés de la Ciudad de México. De ella recuerdo nuestras tardes de jugar a la hora del té con esas tacitas diminutas de plástico que yo sacaba de no sé dónde. Ella me enseñó de los juegos de la imaginación y fantasía.

Creo que ahora que lo pienso, no fui consciente cuando ninguno de ellos se fueron. Creo que mis padres manejaron muy bien cada despedida, pues no tengo memoria alguna de haberme sentido triste por sus partidas. ¡Cuánta fortuna la mía!

De mamá no voy a hablar hoy; y es que se me inunda la mirada y no puedo seguir escribiendo. Les digo que ando de un chillón incontrolable.

Entonces también pienso en otras mamás y otros papás que se han ido y la verdad pienso más en sus hijos que en ellos. Creo que es porque me siento identificada con sus hijos que por un lado nos sabemos acompañados en el andar a diario, pero por otro lado quisiéramos tenerlos cerquita.

Finalmente están mis contemporáneos. Aquellos quienes ante mis ojos deberían estar haciendo carrera y construyendo para la vejez, los que tendrían que ser capaces de sentarse con sus familias, parejas, hijos, qué sé yo, con sus amigos y poder disfrutar de un atardecer, una copa de vino, una plática de esas que calan el alma. Ellos a quienes les gustaba ir a la playa, o jugar golf, o hacer del mundo un lugar mejor gracias a su inteligencia. Esos que a lo mejor cuesta más trabajo entender por qué y para qué se fueron.

En la mayoría de los casos no sé cuál era su misión en la vida, sólo sé que invaden mis pensamientos porque tocaron mi vida, porque algo me enseñaron, porque un pedacito de ellos se quedó en mi corazón.

Por eso, gracias.
Que en paz descansen.



lunes, 21 de julio de 2014

Cuando salí orgullosa de la Prefectura de Policía

El pasado lunes todos en Francia nos desvelamos. Fue 14 de julio: La Fiesta Nacional. Pero ese será tema de mi próxima entrada. Al día siguiente, con ojeras y algunos hasta con cruda regresamos a las actividades diarias. Para mí, además, era el día subrayado en rojo en el calendario de casa, pues tenía mi convocación para presentarme ante las autoridades migratorias para renovar mi título de residencia.

Había revisado los documentos hacia ya varias semanas, pero sabía que era necesario sacar algunas fotocopias. Antes de dormir le di una hojeada al dossier y todo parecía estar en orden. Sin embargo, no me di cuenta que faltaba algo. Inútil presentarme si no lo conseguía; de ninguna manera convencería a la burocracia gala de renovarme mi permiso sin ello. La cita era a las 11:30 horas, pero a sabiendas de la omisión de mi parte y que la oficina a la que me dirigía SIEMPRE tiene una espera de por lo menos un par de horas, me decidí levantarme temprano y poner manos a la obra. Tuve algunos contratiempos, lo acepto, no obstante, llegué a la hora indicada.

Al entrar me pareció reconocer a todos y cada uno de los encargados de atender a cuanto extranjero llega a la sala de Europa, América y Medio Oriente. Al fin y al cabo era mi enésima visita. Afortunadamente, llevaba todo. Aún mejor, la dama encargada de recibir mi solicitud estaba de buen humor y las faltas de los otros las estaba tomando con bastante ligereza y hasta reía. En son de burla, pero reía.

Cuando finalmente llegó mi turno el proceso fue rápido, pues llevaba hasta el acta de defunción de mi tatarabuela por si acaso era necesario. No, no es cierto, solamente llevaba los documentos que la abogada a cargo de que mi estatus migratorio esté al día recomendó. Para mi fortuna -o quizá mi experiencia, que ya me puedo jactar de ser cuasiprofesional en el tema- había yo ordenado mis copias en el orden que me fueron solicitados. Ahora solamente había que esperar que me llamaran para hacer el trámite formal. La espera, como era de suponerse, fue de tres horas, aproximadamente.

Pudo haber sido peor, pensé.

Me recibió otra dama que ya me había atendido antes. Sé que es dura, pero justa. Revisó mi documentación y me sonrió diciéndome que era un gusto recibir un dossier como el mío completo y ordenado. Me ofreció una disculpa por la larga espera en la antesala echando la culpa a otros extranjeros desinformados que se presentan sin sus papeles como deben. Pero aquí entre nos, entre que uno no sabe y que ellos solamente hablan francés, a veces resulta imposible tener todo a la mano, amén de que en ocasiones el propio sistema reclama tiempos de espera naturales de sus procesos.

Al final de la breve conversación no sólo salí de la Prefectura de Policía feliz porque tenía en mi mano el documento que indica que en dos meses recogeré mi nuevo permiso de residencia, sino porque además lo logré al primer intento y hasta con felicitación. La verdad, es que a pesar de todo lo que se dice de estas oficinas por aquí y por allá, a mí siempre me han tratado muy bien. No siempre he logrado mis metas a la primera, pero no puedo quejarme de nada. Al final del día, este país recibe un número importante de gente de todo el mundo que busca estar legal y debe ser una tarea fatigante. Entretanto, yo no daré lata en un año más, y de ser posible, guardaré mi 'estrellita' en el cajón para sacarla dentro de doce meses si requiero nuevamente visitar a las autoridades. O antes, si algo cambiara.

viernes, 4 de julio de 2014

Que los vecinos se callen, ¡Ya!



La llegada del verano invita a abrir las ventanas de toda casa y apartamento. Los pájaros cantan desde temprano. Ese 'mal del pollo' del invierno que muchos sufrimos porque queremos dormir en cuanto se nos oscurece el cielo lo abandonamos unos meses para disfrutar de los rayos de sol que nos despiertan al amanecer. ¿Y luego?

Pues nada, que empiezo a escuchar las distintas clases de sonidos que emite el vecindario. Está esa voz masculina que todos los días canta ópera. Me lo imagino grande, corpulento, con una gran caja torácica tanto en tamaño como en capacidad. No tengo idea de qué canta, pero se escucha tan lindo que me hace soñar que estoy en un espectáculo. También están los músicos. Ellos en su mayoría son pianistas que ensayan a diario de manera muy disciplinada. Hacen ejercicios repetitivos y a veces, al final, me deleitan con algunas piezas que en ocasiones logro descifrar y reconocer.

Claro está que al tratarse de un verano excepcional por haber torneo de Copa del Mundo, una vez llegadas las 18:00 horas y hasta la media noche inclusive, se escuchan las porras para los diferentes equipos. Los días que ha jugado la selección gala de Les Bleus pareciera que todo el vecindario suspirara al unísono, así, igualito que en México.

Y aunque a esta metrópolis se le apode con frecuencia La Ciudad del Amor, no siempre se escuchan cánticos de alegría, a veces se escuchan discusiones a altos volúmenes. Me parece que a mis amigos galos les gusta hacer públicas sus intimidades, pues existen los que pelean por quién sabe qué hasta altas horas de la noche y las que gimen hasta altas horas de la mañana. Pero créanme, no estoy exagerando, esos gemidos... qué digo gemidos, gritos, porque de verdad me han llegado a despertar. Al principio creí que era la incómoda vecina de arriba, luego la de abajo, ahora ya no sé... me parece que puede ser cualquiera. Un día eran tantas gritando que alguien ya muy molesto gritó desde su ventana: ¡YA CALLENSE!

En casa ya nada más reímos. 

jueves, 3 de julio de 2014

El Señor TGV

St. Pancras Station
Londres
Una parte importante de la aventura europea ha sido dejar el automóvil y andar a pié, en bicicleta, en autobús y por supuesto, recorrer la máxima cantidad de kilómetros como sea posible por las redes ferroviarias del continente. Así pues, desde la primer oportunidad que hubo nos desplazamos por toda la línea 10 del metro hasta su término en la Gare d'Austerlitz. Otra vez fuimos para la Gare de Lyon, una vez más a la Gare de St. Lazare y varias veces hemos ido a la Gare du Nord. Algunas veces en trenes pequeños, esos que se conocen como  Intercités porque lo llevan a uno a las ciudades cercanas y otras en los que nada más de verlos en el anden imponen; los de alta velocidad: TGV en Francia, AVE en España, Thalys para ir de París a Bélgica, Alemania y hasta Holanda y por supuesto, el Eurostar para cruzar el Canal de la Mancha.

Estos, creo yo, son los señores de las vías férreas europeas. Me muero de envidia. Me encantaría que existiera este cómodo y rápido medio de transporte en mi país. Significa que haríamos algo así como una hora en un México-Querétaro aproximadamente.

Intercités en el andén de Bruselas de camino a Aarschot
Honestamente, nunca antes había tenido esta opción en mis viajes. Mis estancias en el continente europeo en el pasado no me habían permitido disfrutarlo más allá de un pequeño desplazamiento. Hoy por hoy, esta forma de trasladarme de un sitio a otro durante puentes y vacaciones me ha permitido cambiar mi percepción sobre los viajes y hasta la forma de armar mi maleta.

Por ejemplo, a la hora de cotizar mis boletos tomo en consideración el costo de transportarme al aeropuerto y a la estación del tren, el tiempo que invertiré a la salida de casa, así como a la llegada a mi destino y, ¿saben qué? Pues que en la mayoría de las veces gana el tren. Cierto es que las distancias en estos países es más corta que en el continente americano, pero quién va a preferir pagar precios similares e invertir una hora más por el cruce de los filtros de seguridad o por tener que atravesar la ciudad de cabo a rabo. Claro está, que a veces es mejor un par de alas indiscutiblemente, pero estos monstruos a 200 Km/hr me dejan atónita todavía.

Hay pequeños detalles que no me quedan claros, pero supongo que son más de cultura y costumbres que otra cosa. No obstante, anhelo que algún día el señor TGV pueda recorrer el Bajío, el Cinturón de Fuego o incluso llevar y traer turistas entre México y Acapulco.  

martes, 1 de julio de 2014

Sephoreando y algo más

Hay quienes dicen que París es la ciudad más visitada del mundo, otros que está en segundo lugar sólo por debajo de Londres. Al final del día, desde que llegué aquí, a diario me enfrento a los turistas en las calles. Yo, al principio, también parecía una de ellos, e igual que a cualquier otro que viene de lejos y se encuentra con productos a lo que no se tiene acceso en su país de origen por costos excesivos o porque simplemente no existe la oferta comercial en cuestión, hay quienes creemos poder enloquecer en tal o cual almacén a cada momento y llevar todo lo que se necesita y hasta lo que no. Sin embargo, con el paso del tiempo uno es más cauto; sensato, creo yo, pues las cosas dejan de ser novedosas y se pueden hacer compras más inteligentes tras probar los productos, ¿no? Por eso, cuando nos instalamos a unos cuántos kilómetros de la mítica Torre Eiffel, uno de los sitios a los que me daba emoción y estrés ir y no enloquecer comprando todo lo que veía a mi paso y en donde procuraba solamente entrar y salir con lo justo necesario era Sephora. Y no es porque no conociera la tienda, sino porque en aquel entonces no había en México una oferta como ésta; solamente algunas imitaciones que me parece no han sido muy bien logradas.


No sé si sea algo característico de mi persona o si la mayoría de las mujeres lo sufran. Siempre he gustado de hacerme un arduo ritual de belleza en la mañana -el de la noche me da pereza, pero aún así trato de cumplirlo. Sin embargo, a pesar de encantarme el establecimiento, nunca me había vuelto asidua cliente sino hasta mi llegada a estas tierras y tenerla a unos minutos de casa. Seguro era el no tenerlo cerca. Y luego están los productos para la piel de laboratorios dermatológicos y que aquí parece solamente hace falta voltear hacia los aparadores de las farmacias y no saber cuál seleccionar.

Ahora, debo confesar que tengo mis elecciones específicas para productos en el cuidado de las uñas (OPI y Mavala), para las arrugas y las ojeras (Nuxe), para los molestos brotes de juventud mejor conocidos como barritos (Avène), perfumería predilecta (Roger & Gallet) y evidentemente, maquillaje para cada etapa de la transformación del rostro hasta buscar verme como estrella de cine... ok, ok no es para tanto, pero sí. Hablo desde mis más modestas entrañas, jajajaja!

No cabe duda que la novedad ha pasado. Ya sé qué voy a buscar cuando quiero una crema, un suero o un maquillaje, sin embargo, esa mariposita del éxtasis parece querer arroparme cuando entro al susodicho comercio. Entre mi grupo de amigas con el que platico TODO EL TIEMPO a pesar de que cada una se encuentra en un rincón distinto del planeta -las maravillas de la tecnología- parece que es, entre otros, un común denominador. ¿Será que necesitamos ayuda?


lunes, 16 de junio de 2014

Antes y después


Yo soy de la firme creencia que el ser humano está en constante cambio, pues gracias al aprendizaje podemos evolucionar, podemos actuar diferente a partir del análisis de los errores cometidos anteriormente. Así, hace algunas semanas fui a tomar una copa de vino con Marie. Ella es una inglesa instalada en París, pero nunca le he preguntado qué la trajo aquí. Nos conocimos porque fui su clienta. Ella estaba a cargo de conseguirme algunos documentos para mi proceso migratorio. Ahora que ha dejado de trabajar para el despacho contratado nos hemos reunido en un par de ocasiones y la última vez que nos vimos en algún punto de la conversación hablamos de los "antes" y los "después".

No es difícil darnos cuenta que hemos evolucionado con el paso de los años, pero normalmente nos damos cuenta de ello cuando ya ha pasado el tiempo. Cada hito en la vida nos transforma, y aunque las recompensas son bien agradecidas tras el paso de caminos sinuosos, hace falta no olvidar de dónde venimos, a dónde queremos llegar y cuál es nuestra esencia.

Así, Marie y yo estábamos de acuerdo en que esta ciudad nos ha cambiado, nos ha hecho crecer, nos ha dado sus dosis de realidad en distintos aspectos que sin duda alguna ha tenido sus efectos en nosotras. Cierto es que la experiencia de vivir en sitios distintos a los que hemos nacido nos moldea en nuestra adaptabilidad y nos vuelve competentes en un idioma distinto al materno e incluso, si se lo permitimos al entorno nos convierte en seres humanos más humildes y con mayor disposición a aprender. Por lo menos ese ha sido el resultado en mi. Por ejemplo: Tras casi tres años de haber dejado esa gran Ciudad de México a la que amo, pero que también puedo llegar a detestar desde lo más profundo de mi ser, me encuentro transformada en temas de lo más banal hasta lo más profundo, es decir, ahora sé que el quehacer en el hogar verdaderamente nunca se termina, aprovecho y atesoro cada momento que tengo para mi y para mis actividades de recreo como la lectura, la fotografía y la producción escrita, pero que también me ha enseñado de sencillez y humildad, mucha humildad. He aprendido a comunicarme no solo en otro idioma -aunque ya lo conocía desde antes de instalarme en la Ciudad del Amor- sino a expresarme mejor y con mayor claridad con mis semejantes. Claro está que estos ejemplos son de lo más sencillo, que mi "después" va hasta lo más profundo de mi ser, que incluye prácticamente todo aspecto en mi y que me ha ido modificando poco a poco, pero si pudiera resumirlo en una sola palabra, debo aceptar que lo que he recibido de esta ciudad por sobre todo es: TOLERANCIA... y un sentimiento especial por la Francia




domingo, 15 de junio de 2014

Sentada bajo un Chagall

Uno de los primeros sitios que fuimos a visitar en esta ciudad fue el Palacio de la Ópera. De esa visita escribí por aquí en enero de 2012. Desde entonces, he aprendido mucho del edificio y de su historia, de su compañía de danza, de su orquesta, su ópera, etcétera. En alguna ocasión que fui de visita con alguien que venía de tierras lejanas, me senté a escuchar a una maestra de escuela primaria y aprendí varios datos curiosos como que la entrada principal era únicamente para el rey y que la población en general sólo pudo entrar por estas puertas después de que se estableció la 2a República, cuando los ciudadanos adquirieron su derecho de "Igualdad". Otra enseñanza de aquel día fue que los asistentes a las presentaciones en tiempos de la nobleza solo eran invitados del rey, nadie más. En fin, el lugar no ha dejado de dejarme boquiabierta. En cada oportunidad que he tenido de visitar este sitio me he encontrado a más de un estudiante de arquitectura copiando las columnas en alguna lámina que le han dejado de tarea.


Luego vino mi acercamiento a la ópera y mi presencia en una presentación del clásico Aïda también en 2012 y de cuya experiencia también platiqué por estos lares. Por último, tuve oportunidad de conocer a una pareja de cantantes de ópera... ella ya solamente se dedica a la enseñanza de manera ocasional para quienes buscan un entrenamiento específico con un tutor; él anda por todo el mundo deleitando con su voz en los grandes escenarios. Así, poco a poco se ha ido despertando mi curiosidad y comienzo a buscar conocimiento al respecto, no obstante, a pesar de que esta ciudad tiene un sinnúmero de foros que con frecuencia se ven engalanados por puestas en escena tanto de clásicos como de piezas modernas, el Palacio de la Ópera es EL recinto al que cualquier aficionado quire tener acceso para disfrutar de algún espectáculo. Conseguir boletos no siempre es fácil, mas tampoco imposible. Una hora antes de todo espectáculo las taquillas abren y venden las peores entradas, las llamadas de visibilidad parcial, yo las llamaría "de visibilidad nula" porque no se ve NADA. En un intento por entrar con una de nuestras visitantes durante esta primavera que está a punto de terminar, fuimos a la aventura y adquirimos tres de dichas entradas. El resultado fue que pasamos de pié gran parte de la función, pues queríamos enterarnos de lo que pasaba en el escenario, sin embargo, no puedo negar que bajo esa obra de Chagall que cubre la sala de espectáculos diseñada por Garnier, mi corazón latía con ganas de salirse del pecho. Una emoción indescriptible. Una magia única... muy parecida a la primera vez que entré al Palacio de Bellas Artes en mi ciudad natal, solamente que con mayor conciencia del tiempo y el espacio que estaba ocupando. A nadie importó no tener el mejor lugar de la sala ni que se tratara de una obra que para nosotros era totalmente desconocida, lo importante era la memoria que estábamos dejando en nuestras almas. La próxima vez trataré de conseguir mejores lugares. Deberé estar pendiente del momento en que pongan a la venta los boletos y tal vez romper el cochinito de los ahorros para obtener uno de esos asientos desde los que se puede disfrutar del escenario completo. 

viernes, 23 de mayo de 2014

La Iglesia, la sociedad y mis decisiones

Este texto ha tomado su tiempo para salir del horno. Inclusive ha retrasado el correspondiente al que abarca los diez días de fiesta de mi infancia que van del 10 al 20 mayo, pero no importa, ya llegare a ellos, así que por ahora comparto lo que ha invadido mis pensamiento, análisis y hasta preocupación.


Todo el mundo cree que vengo de una familia tradicional porque mis padres se casaron ante la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana y vivíamos en un entorno que la sociedad mexicana considera "normal", pero como toda familia, la mía también tiene su historia que junto con la educación que recibí y mi formación escolar con esas famosas monjitas españolas me forjaron para ser quien hoy soy; hasta cierto punto. Así, desde adolescente he ido tomando mis propias decisiones; algunas de ellas buenas y otras no tanto, sin embargo, cada una me ha llevado a donde estoy hoy en mente y espíritu.

En ese paso por el andar de la vida hasta mi edad actual, mis percepciones y opiniones con respecto a las enseñanzas "de la Santa Madre Iglesia" han cambiado, pues si bien, aún trato de seguir varias de sus enseñanzas, sinceramente hay otras que prefiero hacerme de la vista gorda por no decir que prefiero ignorarlas.

Creo que a mí me podrían incluir entre los llamados Generación Juan Pablo II. Cuando comencé a escribir estas líneas el tema estaba en boca de todos por la canonización de Su Santidad. Hoy, se han calmado las aguas, sin embargo, mi yo sigue en este sentir de lejanía con la institución de la Iglesia Católica. Si bien todo el mundo conoció y reprobó los hechos del señor Marcial Maciel y juzgó la tapadera de S.S. Juan Pablo II, nada ha cambiado. En México sigo viendo que la gente, a pesar de lo 'indignada' y lo dejo así en comillas, porque por lo menos yo no supe de familia alguna que sacara a sus hijos de las escuelas pertenecientes a la comunidad de los Legionarios de Cristo, o que dejaran de asistir a la famosa Mega Misión que organizan en Semana Santa el mismo grupo religioso, parece ser que en mi país se sigue pensando que 'a mí eso no me va a pasar', que 'todo va a estar bien'… como siempre ha sido. Seamos honestos, nos gusta tapar el sol con un dedo.

En fin.

Cuando adolescente me enseñaron que la virginidad era prácticamente condicional para un matrimonio feliz, e incluso aún recuerdo casi a la perfección la serie de vídeos proyectados en la clase de Educación en la Fe que abordaba el tema de las relaciones sexuales prematrimoniales. Por el contrario, también recuerdo que hubo relaciones sexuales a edades que en lo único que debería pensarse es en pasar el examen de literatura, química o lógica cuyas consecuencias en una minoría evidentemente fueron embarazos y matrimonios adolescentes -varios incluso a escondidas para que nadie se enterara, aunque la realidad fuera otra. Y claro, el paso de los años nos muestra que ni una forma de vida ni otra es garantía de una edad adulta ejemplar.

La sociedad en general juzga, señala y castiga duramente, pero en verdad nadie conoce mi hisotria como yo misma, de la misma manera que yo no conozco la de los demás. Entonces, ¿por qué la sociedad decide si está bien o no lo que hacemos o dejamos de hacer? Al final del día, llegada cierta edad incluso nuestros padres deberían volverse espectadores y consejeros solamente.

Pero, ¿qué observo a la distancia y con el paso del tiempo lejos de mi país al respecto?

Bueno, pues veo que hay en temas en los que la sociedad va avanzando poco a poco, que en otros estamos más adelantados, pero que estamos a años luz de otros países en algunos otros temas y lo iré tratando poco a poco, pues no siempre la problemática es gubernamental sino de sociedad.

Uno de los temas de mayor polémica por estos lares es que España quiere prohibir el aborto. Francia, obviamente, está preocupada, pues aquí es permitido desde los años setenta de manera tanto voluntaria como por necesidad médica y desaprobar la práctica abortiva devengaría en gastos médicos no recuperables para la Seguridad Social francesa. Aquí el acceso a servicios de salud es un derecho universal. Pero más allá de ello, la gente aquí ve un retraso en la evolución social, pues es quitarle un derecho a la mujer sobre las decisiones que toma para sí y su cuerpo. En México recuerdo que no hace mucho lo aprobaron en el Distrito Federal y se permite hasta antes de las 12 semanas de gestación. Mi opinión la baso en el libre albedrío. Que cada mujer actúe como mejor le parezca mientras lo haga de manera saludable y con responsabilidad total de sus actos a sabiendas de que la vida en el futuro jamás podrá ser igual.

Recuerdo bien que mi primer sueldo por trabajar unas cuantas horas al día fue de algo así como $900 pesos mexicanos al mes y claro, a partir de ahí fue subiendo poco a poco conforme las horas y las responsabilidades fueron creciendo. Claro está que con tales riquezas a las que si les aplico el tipo de cambio actual son poco más de 50€ era imposible vivir sola, aunque por otro lado me parece que mis papás hubieran enloquecido si yo hubiere hecho tal proposición. Me da gusto que ahora ya no cause tanto revuelo que los jóvenes quieran comenzar a independizarse y vivir su soltería de la misma manera que se hace desde hace ya algunas generaciones en otras latitudes. Pero ¿qué pasa cuando alguien quiere vivir en unión libre? Mmm, creo que ahí la cosa aún se vuelve todavía un poco problemática, sobre todo cuando la pareja es considerada muy joven, y aunque cada día más la sociedad y los padres sobre todo lo aceptan mejor, aún hay camino por recorrer. A mis treinta y varios y tras un divorcio en la maleta, hubo quien me dijo que debía yo casarme antes que vivir en unión libre. Y si a eso le agregamos que para la Iglesia Católica estoy incluso excomulgada por haberme divorciado, ya mejor ni le añadimos con ironía la vida en pecado, digo perdón, en unión libre.

Para concluir, debo decir que conozco a muchas mujeres cuyo común denominador es que somos de origen mexicano. Algunas hemos hecho la maleta para partir a otras latitudes, unas nos casamos jóvenes, otras se fueron a estudiar una maestría y encontraron el amor o un trabajo en tierras lejanas. Estamos las que nos divorciamos, las que siguen felizmente casadas desde hace ya veinte años, las que se embarazaron jóvenes y decidieron ser madres, las que decidieron no serlo y aún trabajan en su sentimiento de culpa, sin embargo, todas tenemos grandes cualidades, somos seres humanos de bien, que hemos trabajado para salir adelante de una u otra forma. Entonces, ¿por qué juzgarnos entre sí? ¿por qué el Vaticano no ha evolucionado? Por ahí he escuchado a algunas ovejas que creen en el pastor argentino que guía al rebaño, yo quiero ver a la Iglesia Católica evolucionar, sólo así podría renovar mi fe en ella como institución. En lo que respecta a la sociedad… supongo que más vale paso que dure y no trote que canse.



domingo, 20 de abril de 2014

La vida sin limones

En mi casa no hubo árboles frutales porque no se dieron, pero teníamos plantados naranjos, limoneros y limas. Alguna vez recuerdo tuvimos tomate verde y rojo, capulines de a montón y claro, siempre estuvieron René y José Luis, los marchantes del puesto de frutas y verduras a los que mi mamá siempre amenazaba que si algo no salía bueno 'se los iba a devolver' y aunque nunca lo hacía, eran muy buenos marchantes y vendían buenos productos; tanto que yo dejé de comprarles cuando su ubicación geográfica y la mía dejaron de ser convenientes. Alguna vez alguien me dijo que no me había imaginado ser tan hábil y conocedora en un mercado sobre ruedas sino hasta cuando me vio interactuar con mis comerciantes predilectos ahí en la esquina de Avenida STIM y Bosques de Reforma en el Chamizal. Como cualquier mujer viviendo sola y trabajando de sol a sol, mi consumo de productos agrícolas comenzaron entonces a provenir del supermercado y cuando me ponía exquisita iba al que tenía los productos orgánicos, sin embargo, nunca me preocupé por la disponibilidad de una papaya o una jícama o por el precio de la sandía o el limón sin semilla.

 Así, cuando cruzamos el gran océano Atlántico, una de mis preocupaciones con respecto a mi alimentación no fue precisamente la disponibilidad, sino el precio. Después, cuando comencé a ser consciente de que algo se me antojaba, me preocupé también por encontrar cómo saciar mi hambre de ese algo en particular y hasta de fruta y verdura de temporada comencé a hablar y aprender. Pero de lo primero que hubo que recortar fue el limón. Si tú que estás leyendo estas líneas no eres de origen mexicano, déjame contarte que en mi país a TODO le ponemos jugo de limón verde, a todo. Es más, el limón amarillo ni siquiera nos gusta y que en países como Estados Unidos de América le digan lima nos cae como patada en la entrepierna, así de sencillo. Tomamos agua de limón para refrescarnos en temporada de calor, para hidratarnos en cualquier momento, para apapachar el cuerpo resfriado. Le ponemos limón a la sopa de pollo, a la sopa de pasta, a la tortilla cuando a ésta no hay nada más que ponerle que un poco de sal y unas gotitas de ese juguito acidito que cosquillea las papilas gustativas, en fin, podría escribir toda una lista de alimentos que incluyen hasta la comida chatarra y sonará inverosímil, pero así es de importante este cítrico en mi país. Por eso, en mis primeras vueltas al supermercado y al mercado sobre ruedas sentía la piel de gallina al ver que 3 limones costaban la friolera cantidad de 1,00€ y además eran amarillos en la mayor parte de los comercios. Con el corazón apachurrado, dejamos de consumirlo casi en su totalidad. Lo compraba solamente cuando era imprescindible. Con el tiempo me rendí ante él y lo compré, encontré también los saquitos de 500g de limón verde en el Carrefour que al compararlos con la venta por pieza dejaban mucho qué desear, así que me quedé con los de 3x1,00€. Ya sintiéndome dueña de la situación encontré que podía surtir mi despensa también con limoncitos verdes a ese precio. Dos años después subieron a 3x1,50€. El trauma había pasado y hasta el consumo ha incrementado con el tiempo. Y pues cuando no hay del verde, hasta el amarillo disfruto.

Un día, leyendo noticias, Twitter y Facebook encontré a todo el mundo en tremendo shock. El limón a precios estratosféricos y hasta en el Viejo Continente entero estaba más barato que en el México Productor y Proveedor del mundo. Al visitar mi tierra un par de semanas más tarde lo constaté. Increíble. Fui a Superama -supermercado en la ciudad- y NO HABIA LIMONES. Los periódicos escandalizados anunciaban que en la Central de Abastos el cajón se estaba vendiendo hasta en $900. Una crisis nunca antes vista. ¿Sería que mis compatriotas estaban enfrentando algo parecido a lo que todo expatriado mexicano en estas y otras tierras vive al llegar a conquistar nuevos rincones del planeta? ¿Hasta cuándo dejarían los grupos de autodefensa salir esas delicias redonditas de Colima y Michoacán donde se comenzaba a echar a perder el fruto? Alguien me dijo que lo sufriríamos también en Europa, a lo que respondí con toda seguridad:

-No, allá conseguiremos de los brasileños.

 Y así fue.

Entretanto, y a pesar de que el gobierno 'entró al quite' el dicho cambió y a varios les escuché repitiendo: "Si la vida te da limones, eres millonario".

Acá, el precio sigue a 1,50€ por tres piezas de limón (verde o amarillo) en el mercado. Sin embargo, la temporada de limonada y crudités de verdura para el picnic está a la vuelta de la esquina, aunque esta vez me parece que el gran ausente será MI QUERIDO LIMON MEXICANO porque yo, me niego a dejar de disfrutarlo por completo. Espero ustedes también puedan hacerlo.

jueves, 10 de abril de 2014

México, Distrito Federal

Haber dejado de vivir en México, aunque no sé si será permanente o una aventura que cuando termine guardaré en mis recuerdos, mi corazón, vivencias y obvio, este blog, me ha hecho ser consciente de todo eso que tiene mi tierra y que pasaba desapercibidamente frente a mis ojos a diario.

Hoy, estoy sentada en uno de estos cafecitos que se han vuelto ya famosos en mi tierra por ser auténticamente mexicanos y hacerle batalla al del logo con la sirena verde. Veo los transeúntes pasar y cual turista en mi ciudad me pregunto por cada uno de esos sitios que un extranjero no debe perderse al venir a visitar una de las megalópolis más grandes del planeta: Mi querida Ciudad de México.

Pasar unos cuantos días aquí puede ser toda una aventura pues hay un sinfín de barrios que nos hacen transportarnos por la historia del país. Así pues, esta chilanga-parisina opina que sí has de venir a la ciudad que me vio nacer no te pierdas, en la manera de lo posible, de estos lugares que me hacen suspirar a cada momento:

Entrando por las rejas de Chapultepec uno debe hacer una caminata por el bosque y subir hasta el Castillo -también creo que se puede tomar el trenecito para los menos atléticos. Estoy segura que les dejará sin palabras cuando lleguen a él. Encuentro opiniones muy parecidas a la mía, en la que no le pide nada a muchos de los que están en el Viejo Continente. 

Yo no soy de zoos, pero si gustas de los animales, entiendo que tenemos uno muy lindo también justo ahí. Mi caminata terminaría en el Auditorio Nacional, donde tomaría el Turibus para irme hacia el primer cuadro. 

En el centro lo que amo visitar es el Palacio Nacional, la Catedral, el Templo Mayor y por qué no, ir sin rumbo específico por las calles peatonales. Si hay tiempo, siempre puede visitarse también el MUNAL, el edificio de correos, las iglesias (mi preferida es La Profesa), y hasta el Museo Franz Mayer, pero es que el centro tiene tanto que me quedo cortísima porque aún me falta San Ildefonso, el Bar La Ópera, ay Dios... bueno, ahí sí ya dependerá de tiempo y energía, pero lo que sí definitivamente hay que hacer es entrar a Bellas Artes -si es a un espectáculo será aún mejor- y por qué no, caminar por la renovada Alameda. Quedó bien linda, de verdad. Si no, siempre está la opción de irse a echar un palomazo con los mariachis de la Plaza Garibaldi o un tequila al Tenampa.

Otro día se lo dedicaría a Coyoacán. Desayunar en Los Danzantes  o tomar un café en El Jarocho y luego ir por la plaza, la iglesia y terminar en los viveros. 

En la tarde, me iría para San Ángel -que apenas conocí y me fascinó. Puede uno pasar horas callejeando y terminar el día tomando un aperitivo en la terraza del restaurante San Angel Inn y posteriormente cenar en el salón frente a la chimenea alguna delicia gastronómica.

¿Y luego qué?

Luego todavía falta recorrer La Condesa, ir a echar un helado a Roxy como lo han hecho parejas y familias desde los años 60 y caminar por el Parque México para terminar con unas quesadillas de puesto al puro estilo mexicano y si se tiene energía irse a un bar de la zona. No es mi estilo, pero dicen que se pone bien. Lo dejo a consideración del visitante, jajajaja!

Ahora bien, si se te atraviesa un domingo, aprovecha el cierre matutino de Paseo de la Reforma para caminar, patinar o andar en bicicleta. Me parece que una de las iniciativas que aunque son molestas para los automovilistas de la ciudad, a los transeúntes les da un respiro de paz en pleno corazón de la capital y qué mejor que éste sea antes de hacer la visita cultural que cualquier propio y extraño debe hacer por lo menos una vez en la vida: La del Museo de Antropología.

¿Y ya?

Claro que no, la ciudad es enorme, pero para mí éstos son los rinconcitos que uno no se debe perder. El resto ya depende de cada quién, de sus gustos y curiosidades. La oferta de conciertos, obras de teatro y entretenimiento en general me parece es importante en la Ciudad de México y uno puede encontrar siempre algo distinto para hacer más allá de irse a aplatanar frente al televisor.

Sobra decir, que la lista de restaurantes aquí se quedó cortísima, me faltaron varios, pero no puedo irme sin dejar de invitarte al afamado y bien rankeado a nivel mundial Pujol y mi preferidísimo Dulce Patria -que también espero ver en esa lista de los mejores del mundo muy pronto.

Por último, y esperando haya el tiempo suficiente me atrevo a recomendar un viaje a las pirámides de Teotihuacán. Una caminata por la Avenida de los Muertos, la Pirámide del Sol, la Pirámide de la Luna, el Juego de Pelota y finalizar la visita en La Gruta para refrescarse con una Pacífico bien helada y comer platos típicos como los de la abuela en casa mientras bailan la Danza del Venado y otros clásicos prehispánicos. Y recuerda que si hay acceso a un guía de esos del Instituto Nacional de Antropología para que nos cuente la historia, la visita será doblemente interesante, y no nada más ahí, sino en cada visita hecha, estoy segura que descubrirás secretos inesperados de mi México, Distrito Federal.



martes, 8 de abril de 2014

Los candados del amor

A lo mejor a Usted, señor lector, le parece exagerado mi texto de hoy, sin embargo, no me disculparé por mi escrito de hoy, todo lo contrario, espero simpatice con la causa y por qué no, ayude a esta ciudad a eliminar los llamados candados del amor.

He leído por aquí y por allá para poder tener un contexto más educado, pues no conocía el origen real de la tradición de los enamorados por poner un candado en muestra de su amor en los monumentos de la ciudad de París -particularmente en el Puente de las Artes- y luego aventar la llave al río Sena. Incluso he escuchado bastantes datos erróneos al respecto que yo misma he creído por no haber estado bien informada. Así pues, en mi investigación encontré que la tradición comenzó en el s. XIX en Pécs, Hungría en la que los soldados dejaban atado un candado en el armario de su habitación en recuerdo de su amor, pero por ahí de 2006 fue cuando llegó a nosotros, a Roma particularmente, gracias al escritor Federico Moccia y a través de su obra titulada Ho Voglia di Te que trajo la tradición hasta nuestros días. Un par de años después la práctica llegó a la Ciudad Luz.

Ahora, el Puente de las Artes, que incluso he escuchado a turistas hacer referencia a él bajo los motes del puente del amor y hasta el puente de los candados, a pesar de que las autoridades sustituyen las rejas maltratadas cada cierto tiempo, es cierto que sufre por el peso de dichos candados que enamorados de todo el mundo vienen a dejar.

Usted probablemente estará preguntándose cuál era la razón de mi advertencia al inicio de mi texto, pues porque aunque NO soy francesa, esta ciudad es hoy en la que he construido mi hogar, y el patrimonio que la decora forma parte ya de mis profundos sentimientos hacia París, al igual que de muchos otros locales por nacimiento o adopción -como yo, y por ello me molesta de sobremanera que extraños vengan a dejar sus 'símbolos de amor' en una construcción emblemática como el Puente de las Artes. Lo peor es, que comienzo a ver estos candados por toda la ciudad ya, y es aún más molesto. Creí que era yo la intolerante, pero veo que no, que somos varios. Lisa Taylor-Huff y Lisa Anselmo, dos estadounidenses que también habitan en esta ciudad desde hace ya varios años han comenzado un movimiento por Internet para recabar firmas y prohibir la práctica. Yo las apoyo y ya firmé electrónicamente su petición a las autoridades de la capital, quienes les pidieron por lo menos 10 mil firmas para recibir la solicitud: No Love Locks

Al respecto, en alguna conversación hace algunos días en la Ciudad de México una amiga me dijo que ella no veía sentido a una práctica que dejaba una gran derrama económica a la urbe y que seguramente había muchísimas razones políticas para no firmar una prohibición como tal que haría enojar a propios y extraños.

Por otro lado, localmente el movimiento toma fuerza en medios electrónicos y prensa. Me cuesta trabajo enumerar todos cada uno de los medios en los que he leído ya alguna nota en este respecto, sin embargo, más allá de solamente quejarme por los candados, a mí SI me interesa que desaparezcan los candados y no se vuelvan a dejar ver más. A lo mejor a Usted, apreciable lector, le parece exagerado, a mí, por el contrario, me parece que es parte intrínseca a la educación cívica. No importa de dónde venga ni en qué ciudad viva, sólo pregúntese por un instante qué opinaría si su entorno se viera invadido por una práctica como ésta.

Vuelvo a dejar el vínculo para que si le interesa… participe: Petition: No Love Locks


miércoles, 2 de abril de 2014

Mi primera clase con los profesionales

El pasado mes de julio cuando me aventuré a volverme a poner las zapatillas lo hice con bastante ilusión, aunque con muchas reservas de volver a lograr lo que hacía 20 años, literal, podía hacer. Así, poco a poco fui volviendo a apuntar mis pies de manera decente -aunque mi quinta posición aún parece tercera. La cabeza ya casi encuentra sus direcciones adecuadas, incluso cuando el brazo sigue moviéndose sin ton ni son frecuentemente. Cinco meses después de haber iniciado mi experimento, me atreví a subirme de nuevo sobre deditos con ayuda de la barra y de preferencia frente a ella. Con el paso de las semanas fui soltándome poco a poco. Los tobillos han ido fortaleciéndose de la misma manera que se han disminuido las lonjas de queso de puerco que invadían mi espalda. Está bien, no tenía un problema de obesidad, pero sí mis kilitos extra que he ido transformando de grasa en músculo, porque por Diosito Santo les juro que no he bajado un triste gramo.
En febrero, cuando empecé a planear mi visita a México y cuando supe que ésta tendría una duración de tres semanas, una de mis principales preocupaciones fue el dejar de bailar por más de 20 días, pues perdería mucho del terreno ganado y con toda sinceridad pensé que no era algo a lo que aspiraría. La pregunta sería en dónde podría practicar la disciplina a nivel amateur en México de la misma manera que ahora lo hago en el Hexágono galo, pues sólo conozco dos o tres academias en las que se dan clases para niñas. Claro está, que mi preferencia se inclinaba por aquélla ubicada en Tecamachalco y donde yo aprendí las técnicas de base elementales para cualquiera que intente la disciplina preferida del Rey Sol. Les llamé y con la misma  familiaridad que en la década de los 90 me dijeron que con mucho gusto podría asistir a una de sus clases, que me recomendaban ir de 10:30 a 12:30 cualquier día de la semana y que yo decidiera. Confieso que sentí emoción de regresar a mi antigua aula. Todos mis artilugios encontraron su camino al equipaje antes que cualquier artículo de primera necesidad –y no estoy exagerando. Me vine hasta con mi maletita para transportar zapatillas, falda de gasa, shorts, toalla para el sudor y botellita de agua.

Los primeros dos días me sentí morir de jet lag, por lo que preferí no ir a clase sino hasta que ‘agarrara horario’. Y así fue. Llegué puntualísima y el maestro me recibió con mucha calidez, pero si no hubiera traído el famoso payasito juro que mis calzones hubieran empezado a hacerse como yo-yo, pues ese salón NO contaba con más de tres amateurs y había una veintena de seres humanos. Todos calentaban, estiraban cada uno de sus músculos. Algunas chicas portaban zaptillas de punta, otras preferían la demipunta o botitas de calentamiento.

Mis pensamientos comenzaron a tener una conversación que sonó algo así:

- Puta madre, esto es una clase de profesionales.
- ¿Y ahora?
- Pues ni modo, ya estoy aquí. A darle.
- ¿Pero, y si no puedo?
- Chale, pues espero solamente no hacer el ridículo.

Y así, sin más ni más me puse en la barra y comencé a copiar cada uno de los ejercicios no dictados… ok, ok, los dictados también los copié, pero es que yo no podía. La clase iba a 10000 Km/hr. Y NAADIE se equivocaba, NAAADIE. Hora y media después, con el pulmón en una mano y el hígado en otra, sudando cual albañil en colado la clase terminó. Claro está que yo no tenía el nivel, pero igualmente el maestro me invitó a tomar la clase cuantos días quisiera. Me animó y me animé. Aún no saco las secuencias marcadas como se debe; si acaso lo medio logro al tercer día de hacerla. Sin embargo, la experiencia de compartir unos días la duela con esta gente que dedica su vida a entrenarse para brillar en escenarios y probablemente un día pasar a una audición de una de las grandes compañías del mundo o que están ya en la Compañía Nacional de Danza para mí ha sido una experiencia sin precedentes, invaluable, pero sobre todo, inolvidable.


martes, 1 de abril de 2014

París monocromático

Como ya compartí en uno de mis textos de hace algunos días, la primavera llegó a la Ciudad Luz y con ello un abanico de colores que no solamente hacen que la capital gala se ilumine en su paisaje, sino también comiencen a vislumbrarse las sonrisas en los rostros de los citadinos y por qué no, hasta cuelguen el negro abrigo que nos cubrió durante el invierno. Al principio parecía extraño, luego me di cuenta que yo era la rara que andaba vestida en Technicolor aún cuando el entorno era prácticamente la paleta de los grises; después, yo también comencé a preferir el fúnebre color negro en mi guardarropa una vez que llegaron las temperaturas que mi alma chilanga consideraba prácticamente gélidas, a pesar de aún ser positivas. Y lo peor, sin darme cuenta.

Para el tercer invierno alguien que llegó de visita y con quien me reuní para saludarnos e ir a la biblioteca de la universidad en la que hace sus estudios doctorales, de repente entró al andén de metro entre el tumulto de los pasajeros portando un vestido rosa fluorescente con negro. Era tan fácil reconocerla a la distancia a pesar de las franjas negras que tenía su vestido, pero la realidad es que ella era la única que no parecía ir camino a un sepelio. Así pues, me volví consciente. París, en invierno es monocromático, y yo ya formaba parte de ese entorno formado por nada más que colores fríos. Hasta el cielo es gris en esos meses. El sol sale poco, si es que se le llega a vislumbrar.

¿Será que por eso cuando la primavera comienza uno a ver que visten de color naranja, azul rey y rosa? Viviendo en un lugar en el que uno puede vestir casi igual durante todo el año, en el que los cambios de estación no son para nada similares a los que pueden verse en el Viejo Continente nunca imaginé un cambio de ánimo tan marcado como para vestirme sombríamente y además de todo de manera consciente.


lunes, 24 de marzo de 2014

Observing Passengers

At an altitude of 10 thousand feet there are just a few activities one can do, especially when traveling alone. In such a situation I would rather not talk to strangers, not sure why, but I have to blame my mother; she always made “friends” with people sitting next to her for a couple of hours. The most I will do is say hello and goodbye, and maybe chat for a moment if a well-behaved kid calls on my attention. Anyhow, after saying goodbye and passing passport control with the customs officials smile that they feature I was ready to jump in the plane that would make me cross the North Atlantic once more in order to enjoy my Mexican Spring just like I have been doing for the last few years. The flight got delayed, and with somewhere around 200 frustrated travelers I decided to open my computer, log on the Internet and check emails, tweet here and there, and why not, loose time on Facebook while chatting via Whatsapp with friends… yep, all to kill time. I had around an hour and a half to “entertain” myself.

Finally, passengers were given access to the aircraft. The annual adventure was about to begin. Like always, I had my couple trashy magazines to glance through fashion, hip products, and all the whatnot. There are still a good 3.5 hours of flight to go. I have had a brief nap, watched two movies, slept for a little while, glanced through the pages of Femme Actuelle and Glamour or Elle, or whatever it is I bought at the Relais right before passing security at the airport. I have read about 10% of one of my current readings, and my stomach is making noises.

And nonetheless all of the above, what inspired me to open my computer and start drafting this post is what still surprises me when traveling. There are some specific features of international flights, and in this case I am ONLY going to talk about my co-nationals because my experience is much broader with them, than with any other nationality. 

I have come to think, several times, that I have seen it all, and yet, I am still astonished by what happens in every trip. I mean, it all starts when one approaches the gate where passengers shall board the plane, and please DO NOT dare to think I am exaggerating. Please note, that it is only a compilation of some of the habits which have made my skin get goosebumps, or my jaw to be dropped -sometimes literally. 

  • While in Paris they mainly like to board with their Louis Vuitton shopping bags, in other cities, mostly around the United States, I have seen people arrive with wooden crates or market bags. 
  •  Another customary practice that I have found hard to believe is the fact that at the moment the airline attendants say 'we shall begin boarding in the next few minutes' everyone stands up and forms a line as if they are going to lose the flight. I imagine this is why airlines have ended their practice of calling on an orderly boarding process. La galère !
  • And talking about practices within the aircraft, why is it that people always stand up to collect their stuff from the overhead bins and turn on their phones before the plane has come to a complete stop? I have got to admit I mistakenly did it once and felt very ashamed when the flight attendant called upon me. 
  • Then there is also the shouting. I feel it is a common practice of all Latin Americans. I have talked about it previously in another post, surely, but, my emphasis is because I feel it is not only discomforting for me, but for most travellers around. I feel like a violation of my personal space. Is it just me?
  • And what about the traveller sitting behind you who cannot dare to stop playing either with the tray or with the touchscreen on the back of your seat and he/she doesn't stop tapping on your back like a maniac. I had one of this is my last flight. I had to tell him to please stop; his tapping was nonstop.
  • Of course I cannot let pass by some of the most extreme fashion trends on airplanes. There's always the very ladylike woman who instead of boarding a plane looks as if she's going to a black tie wedding, or the one who literally is going to bed and she's only missing the teddy bear because she's in her robe, pyjamas, and SLIPPERS! I put on slippers on long flights once I am sitting down in my seat to be more comfortable and not feel trapped in my shoes, and try to find comfortable clothes, but PYJAMAS… PYJAMAS!
And you, dear reader, what have you seen when boarding a plane? I am sure neither you, nor I have seen it all. People have a way to still amaze me.

In the meantime, safe travels.




domingo, 23 de marzo de 2014

L'arrivée du Printemps

Depuis mon arrivée à Paris, la ville ne nous a pas donné l'occasion de profiter d'un printemps digne de cette ville. Il a été pourri. En fait, je crois que j'ai jamais vu un printemps comme j'avais toujours imaginé dans ma tête à la Ville Lumière… jusqu'à maintenant. Ce vrai que l'hiver qu'on vient de passer a été tellement doux pour l'Europe et que le Canada, les États-Unis et même le Mexique ont vécu une saison hyper froide. Heureusement pour nous, ici l'hiver est classé comme le 2ème le plus doux de l'histoire ou des derniers 100 ans, au moins.

Alors, normalement je serai en train de pleurer à cause du froid, gelée comme un sac à glaçons et prête pour être sous le soleil mexicain. Moi, je pense que le printemps au Mexique est la plus belle saison dans mon pays. Il y a du soleil partout. Tout le monde est prêt pour partir à la plage. Mais, qu'est-ce qu'il s'est passé cette année ?

Ça fait déjà quelques semaines pendant lesquelles on se sent dans la canicule printanier, et ce n'est pas parce qu'on trouve des températures caniculaires, mais parce que je ne trouve pas un mot pour bien décrire la sensation de chaleur extrême qu'on y vive. Des températures tout à fait hors saison. 20 ºC pour le début et mi-mars est fou pour la capitale française, au moins dans ma tête et par rapport à mon expérience. En tout cas, tout le monde profite, les piqueniques entre copains ont déjà commencé dans tous les parcs. Les filles en mini jupe sont aussi sorties juste comme les lunettes de soleil.

Merci Paris, même quand j'ai dû quitter momentanément la ville pour rendre visite aux miens de l'autre coté de l'Atlantique, la ville change avec le soleil et la bonheur des gens. Évidemment, la vie est plus belle quand il n'y a pas de neige, même quand elle m'a manqué cette année.

Notre première promenade sous le soleil au
Parc André Citroën 

jueves, 13 de marzo de 2014

¡Que vivan los novios!

Hace algunos días recibí una llamada que no pude tomar porque estaba ocupada. No había mensaje en el buzón vocal. Al día siguiente recibí un mensaje de texto en el que me preguntaba una amiga qué haría el próximo fin de semana. Mi único plan era ir a clase de ballet y aunque en la mente tenía ideas de salir a hacer una visita por la ciudad a algún museo, en realidad no había nada planeado, por lo que le pregunté de manera directa a dónde íbamos a ir. Después de todo, uno pregunta a las amigas por planes cuando las quiere incluir en algo que nos traemos entre manos. Y efectivamente, me contestó que se casaría por lo civil el sábado y que le daría mucho gusto que la acompañáramos.  De inmediato le dije que con mucho gusto, pues disponibilidad había, pero después comencé a sentirme confundida, pues no conocía las finezas de la etiqueta francesa con respecto a la asistencia a tal evento en este país.

Como buena mujer me dije "no tengo nada qué ponerme" y en efecto, juro que no había nada adecuado para un matrimonio de día en esta época del año. Después pensé que no quería vestirme demasiado elegante, que me quedaba claro que al ser en el edificio del ayuntamiento sería formal, pero no exceso. En fin, me lancé a comprarme un vestido porque nada me parecía adecuado. Para este momento, de lo único que estaba segura era que sería una boda sin alcohol, porque ¿les mencioné que mi amiga es musulmana? ¿No? Bueno, pues hasta donde mi limitada educación en la religión que venera a Alá, entiendo que no pueden ingerir bebidas embriagantes. Deberé estudiar un poco sobre ello; es cultura general.

En fin. Me desperté tempranísimo, pues a diferencia de las bodas a las que he ido antes en mi país, en esta ocasión tendría que arreglarme yo sola y sin la ayuda de un estilista, pero no mucho, pues solamente era la ceremonia civil y había que ser respetuosos con la familia y los novios para no quitarles la atención a ellos. ¿Y si hace frío, pensé a las 7:00 AM? Ya era demasiado tarde para ese pensamiento. Ni modo, me contesté. Desayunamos y salimos de casa emperifollados poco antes de las 9:00 AM, pues la cita era poco antes de las 10:00 AM al otro lado de la ciudad. Decidimos irnos en metro, pues el edificio del ayuntamiento en el que se realizaría la ceremonia quedaba muy convenientemente saliendo de la estación y no teníamos que hacer correspondencia si tomábamos una de las líneas a un costado de casa. Llegamos a las 9:45 AM, puntuales a la hora en que habíamos sido citados. Esperamos en la plaza a la entrada del edificio gubernamental a que llegaran los novios. Poco a poco otros invitados y familiares comenzaron a llegar. He de ser honesta, me sorprendieron los atuendos de algunas personas, pues según lo que había leído por aquí y por allá, así como lo que amigas e incluso la dependiente que me ayudó en la tienda en la que adquirí mi vestido y hasta para mi sentido común, no eran o los colores o los atuendos adecuados para un evento como éste. Pero lo que más atraía mi mirada  con la mayor discreción posible eran las mujeres que llegaban con la cabeza velada -inclusive alguna jovencita de bastante corta edad, habrá tenido unos 15 años máximo. Atuendos sobrios y elegantes de una gran gama de colores. Hasta ahí no habían grandes diferencias.

De repente, apareció por la calle un Mercedes-Benz haciendo ese ruido característico con el claxon que indica que dentro viene una novia. En efecto, era ella. El auto se detuvo y de inmediato el apuesto novio se bajó para abrirle la puerta a su chica, pues llegaron juntos. Un saludo bastante rápido a los asistentes y nervios por doquier que se dejaban ver a través de sonrisas y miradas de "ya estamos tarde".

Para mí, la mexicana cristiana todo comenzó a desenvolverse de forma nunca antes vista. Desde ese grito de festividad tan musical y característico del Medio Oriente que hacen las mujeres oriundas de la península arábiga y sus alrededores hasta el estilo del vestido de la novia me parecían alucinantemente distintos a lo que mis referentes esperaban.

La ceremonia fue rápida, bastante ligera y con un funcionario público celebrante joven y sonriente.  Posteriormente, los invitados nos dimos cita en el cóctel en un pequeño restaurante citadino a unas cuadras de la Plaza de la República. Hubo bocadillos salados y dulces, jugos, agua y refrescos y música  que inspiró de inmediato a la novia y sus secuaces a comenzar a contornear las caderas como sólo ellas saben hacerlo. Para las 2:00 PM yo estaba de regreso en casa. Ella ahora parte a su tierra, Túnez, en donde los festejos religiosos comenzarán la próxima semana. A mí, por ahora, solamente me queda agradecerles haber compartido con nosotros su celebración parisina y desearles larga vida juntos en amor, felicidad y abundancia. O como se dice por aquí: Vive les Mariés !





martes, 11 de marzo de 2014

Caution: Wide Turns

Drivers' Ed is something I remember as much more serious in the United States than in Mexico. Or at least that has been my perception from what I remember from my teenage years. I am not sure how it works out now with youngsters in my country nowadays, but back in the 90s it was either a parent or the high-school sweetheart the one who taught one how to drive. In my case it was my father, and even though if I had to go through it again I am sure I wouldn't choose him as a professor since he scared the hell out of me every time I was behind the wheel, he taught me well… yes, of course I even learnt more after that horrid accident I got myself into at the age of 16 where I miraculously survived with barely a 10-stitch scar I still have on my left knee.

But let me be honest here for a moment, after that humongous accident, I only suffered from a couple of misfortunes as a driver which in fact were mostly taken care of with a little wax or a change of tires. Nothing serious. And yes, I became a pretty good city and highway driver. No, I still don't do neither ice nor snow, but that is because I have never needed to do so, just once a couple of years ago, and frankly I didn't do bad either. Of course, I was over 30 already, so I am pretty sure that doesn't count by now, hahaha!

But then, what happens while in France? Well, for starters I am not a holder of a recognised drivers' permit, for the Mexican Driver's License is just valid for tourists, and since I have been here for more than twelve months, I am no longer considered a tourist.. so, I haven't driven around, but I am seriously considering taking the test. I mean, how hard can it be? Yes, I am surely going to need a couple of lessons in order to understand the traffic signs which are different to those I am familiar with, but for the rest I am not worried, not at all. Hey, not even the parking. My dad taught me that one really well, and here, let me just say I would paste the "wide turns" sign to most cars.


Source: http://www.roadtrafficsigns.com

sábado, 8 de marzo de 2014

De los Juegos Olímpicos de invierno

No es ningún secreto que me gusta seguir de cerca las justas olímpicas en cada oportunidad que hay, sin importar si éstas son de verano o de invierno. Pero también es cierto que mis orígenes no me ayudan para conocer las reglas de deportes como el curling y mucho menos de las nuevas disciplinas provenientes de los X-Games en las que siento que esos competidores se van a romper el crisma en cada turno. En cada giro mi edad se eleva al cuadrado.

Pero bueno, es que hay que revisitar mi historia con la nieve y la montaña. Era el invierno de 1994-1995 cuando mis papás decidieron llevarnos a aprender a esquiar. Para mi hermana recuerdo que fue el viaje de la vida. Parecía que era oriunda de los Pirineos o algo por el estilo. La chamaca no llevaba ni un par de horas con los esquís puestos cuando ya se deslizaba cual profesional. Mi experiencia fue completamente diferente. Me moría de frío, me resbalaba con el hielo y por si fuera poco, cuando subí a la montaña para la hazaña del descenso terminé siendo rescatada por el Ski Patrol. No se burle, señor lector, que le digo que me maree. Unos dijeron que me había dado mal de montaña, otros que gasté mis calorías y me debilité. Haya sido lo que haya sido yo me aventé mi numerito al puritito estilo de  Broadway  y frente a todo el mundo caí lívida, mareada y bueeeno, tremendo espectáculo que di a los turistas que se divertían ese día en la estación invernal.

Le digo que no se ría señor lector, que si por algo la tierra conquistada por Hernán Cortés es famosa es por sus playas y no por sus imágenes invernales como Suiza o Noruega. Así mismo, si hay un deporte que jamás he practicado es el snowboard -y no se apure que seguramente nunca lo haré, de eso no tengo la menor duda. Sin embargo, al encontrarme en un lugar en el que las vacaciones de febrero son prácticamente sagradas para ir a practicar cualquier cantidad de descensos desde la pista más difícil que uno pueda atreverse a tomar, y que la gente por aquí y por allá hable de las expectativas de medalla y de los partidos contra los reyes de la pista de hielo, pues sí, a una le da curiosidad y se sienta a la televisión, y más aún cuando el huso horario ayuda para seguir la mayor parte de las competencias.

Como siempre, lo que más disfruté fue el patinaje artístico. Lastimosamente, esta vez lo que más me gustó fueron los comentarios -bastante polémicos- del excampeón Candeloro y el imparable Nelson, quien sería como una mezcla entre Enrique Burak por sus conocimientos en las distintas disciplinas y un Antonio De Valdés por su buen humor y los años que lleva en la televisión local, pues los competidores me quedaron a deber en todas sus presentaciones con excepción de la competencia por equipos en la que realmente se lucieron. Por supuesto, a mi compatriota el mariachi Von Hohenlohe no le vi descender, apenas y en la clausura de los juegos recibió un comentario como "el chico de 55 años que representaba a México y el competidor de mayor edad en la competencia". No obstante, y aunque parezca extraño, por primera vez me emocioné al escuchar La Marsellesa ser entonada al haber un podio exclusivamente galo al igual que cuando vi ganar al chico Fourcade la presea áurea. ¿Será a caso que este país se ha ganado un trocito de mi corazón poco a poco?

Ahora ya empieza el turno de los juegos paralímpicos y aunque France Télévisions me prometió cobertura, creo que no hemos coincidido las transmisiones y mis ratos frente al televisor. Ojalá tenga oportunidad en los próximos días, pues esos sí nunca antes los he visto.

Mi deporte más extremo en la nieve: Caminar

jueves, 27 de febrero de 2014

Le Robot de Cuisine

Désormais j'essayerai de partager un peu en français. Écrire dans une langue différente à la sienne peut être si douloureuse, mais à mon avis, il faut la pratiquer pour vraiment arriver à la dominer. Alors, je me lance, néanmoins, d'abord je m'excuse aux fautes surtout de grammaire que je suis sûre vous en trouverez. Par contre, je vous promets que les textes amélioreront au fur et à mesure que je me sens plus détendu dans la production à l'écrit dans la langue de Molière.

Bien, au clavier.

Ça fait quelques mois que j'ai décidé de m'acheter un robot de cuisine, et il ne s'agissait pas de n'importe quel robot de cuisine, mais celui que j'avais connu dès mon enfance chez ma copine Marian. Sa mère l'avait amené au Mexique de l'Espagne, et je me souviens qu'elle avait toujours dit que son robot faisait toutes les merveilles lesquelles on oserait imaginer. Puis, 20 ans plus tard environ, je dirais, une autre copine venait de quitter aussi l'Espagne pour aménager à Mexico avec sa famille et elle avait pris sa petite merveille avec elle. Moi, je venais d'être célibataire à nouveau et mes finances n'étaient prête pour me régaler avec un appareil comme celui-là, et en fait, j'avais tout que je pourrai en avoir pour cuisinier chez moi. Donc, j'ai oublié le truc. Cependant, je me trouve en France et étant donné le changement de voltage et qu'on avait décidé venir qu'avec l'essentiel, j'ai cuisiné pendant des mois avec quasiment aucun petit électroménager jusqu'au moment que la machine est venu à mes pensées.


J'ai cherché partout (c'est-à-dire par Internet) et me suis renseignée dans le domaine des robots cuisiniers. Voilà, la décision a été pris, mes copines au Mexique avait raison, le meilleur était l'allemand de fabrication française, car on peut vraiment faire tout dans le truc… des soupes, des plats, des gourmandises, je vous dites, TOUT !

Après avoir fait un peut d'économies, on l'a acheté et oui, même quand il a eu un avant dans ma cuisine sans ma petite Robotina (Rosie en Français, juste comme la femme de ménage des Jetson) je suis encore fasciné par mon robot. Je fais des glaces, des tartines, du pot au feu, et même des tamales mexicains. Et comme ma mère disait à l'époque quand elle m'a fait apprendre son fameuse Apple Strudel, il n'y a rien de mieux que savoir comment gérer et comment faire des petites astuces avec son électroménager pour profiter le plus que possible.