miércoles, 18 de marzo de 2015

El Salón de la Agricultura


Desde que llegué a este país y supe que tenían un salón dedicado a la agricultura y además que éste era el más popular para la clase política, entendí parte de la esencia de sus ciudadanos. Aquí, el productor de víveres tiene un lugar especial en el espíritu de la comunidad. Sabía que era grande, que era muy popular entre la población, y hasta que traían vacas y caballos. Sin embargo, fue totalmente distinto llegar al ya bien conocido centro de exposiciones de la Porte de Versailles, y encontrarme con un público literalmente de todas las edades asistir desde tempranas horas de la mañana para visitar una expo 100% dedicada a la agricultura, a los productores regionales, a las joyas que vienen de lejos; a las benevolencias de la tierra.

Después de reunirme con una amiga y tomarnos una taza de café con un bocadito dulce de esos particularmente deliciosos que se antojan en una fría mañana parisina, así como de una plática más larga de lo que esperábamos, emprendimos camino. Llegamos y ya nos esperaba nuestra puntual amiga teutona que llevaba ya un rato paseándose por el pabellón internacional. Miramos y probamos de todo, desde fondue y salchichones, hasta mantequilla y pesto de trufa. Había vainilla de Madagascar, couscous y baklawa, paella y hasta una cantina que pretendía parecer venir de Viejo Oeste Estadounidense. Vimos caballos, vacas, pollos, conejos, qué sé yo... 

La verdad es que no terminamos, pero el tiempo y el cansancio nos alcanzó. Al final, en búsqueda de mirar los exóticos rones con denominaciones VSOP y sus tres destilaciones, también nos bebimos el mejor café que pudimos encontrar. Deseábamos volver, pero entre la falta de tiempo y los ríos de gente que se paseaban por la exhibición resultaba impensable aspirar a ello. Con seguridad podría regresar en el futuro si se presenta la oportunidad, aunque aquí entre nós, no estoy segura de estar de acuerdo con que tengan a los animales 2 semanas en este lugar... me reservo mis opiniones, en serio, pues a lo mejor podría ser suficiente con mostrar los productos ¿o no?

domingo, 15 de marzo de 2015

Mi debut en el SIRHA de Lyon

Apenas 20 días después de haber comenzado lo que he llamado "La aventura culinaria de la vida" me desperté a la 5:00 AM y me alisté para emprender el camino a la estación del tren y tomar la ruta de alta de velocidad a la segunda ciudad más importante de  Francia, Lyon. Conocida como la gran capital culinaria del país, ahí se reúnen los grandes profesionales de la hotelería y la restauración. Es el salón que la industria espera se lleve a cabo cada dos años, al que asisten profesionales y aprendices en cocina, panadería, quesería, repostería, proveedores de maquinaria y equipos, uniformes, la lista es interminable. Los grandes nombres de jueces, asistentes, concursantes, y expositores también lo es. Decido entonces resumir el evento de esta manera:


Con este preámbulo puede usted señor lector, creo yo, imaginarse mi emoción por asistir a tan magno evento, pues hace dos años vi algunas cápsulas en la televisión local, pero un ticket a más de 100 Euros, sin tomar en cuenta los gastos de viaje, no parecía ser algo viable nada más para ir a ver de qué se trataba el show, por más que hubiera la Copa Mundial de Pastelería o el prestigiado concurso del Bocuse de Oro... por lo menos no en el 2013.  La historia esta ocasión era distinta, pues podría asistir en calidad de estudiante de un expositor, solamente tenía que registrarme en línea y recoger mi gafete en la recepción de la escuela, atractivo ¿no?

Decidí verme con una amiga para no viajar sola las dos horas de tren rápido. Nos reunimos, sin así preverlo, a la salida del término de la línea 10 en Gare d'Austerlitz. Cruzamos el puente juntas y subimos emocionadas al TGV que nos llevaría a nuestro primer salón de talla internacional relacionado con la gastronomía mundial. Además, tuvimos la suerte de viajar en el mismo vagón que algunas de las autoridades escolares, así que además de todo, sabíamos que no nos perderíamos para llegar al Centro de Exposiciones. Teníamos todo el día por delante para recorrer el lugar. Caminamos hasta el cansancio. Pasamos por todo concurso que encontramos; que si el de los baristas, el de los cantineros, todos... hasta quedarnos sentadas por más de una hora frente a los reposteros. Si tan sólo pudiéramos quedarnos más tiempo y ver a los cocineros. Imposible esta vez. En dos años, tal vez.

No cabe duda que estas oportunidades hay que aprovecharlas. ¿Qué tal que solamente las tenemos una vez en la vida?




miércoles, 11 de marzo de 2015

De seres vivos a punto de convertirse en sopa

Era obvio que en cualquier momento de la formación llegaría el momento de enfrentarme a alguna pequeña bestia del reino animal. Y no lo digo de manera despectiva, tampoco soy ni pretendo ser vegetariana ni mucho menos vegana en el futuro cercano, así que vivos o muertos, era evidente que nos cruzaríamos frente a las hornillas. Es cuestión de la cadena alimenticia, creo yo.

Y fue más temprano que tarde, pues apenas en la segunda demostración el Chef Vaca con gran destreza sacó los dos filetes de limanda que me obligaron a practicar durante el fin de semana porque sentí no ser capaz de lograrlo. Dos y medio meses después sé que no era tan difícil como parecía.

Durante la siguiente clase, el Chef Poupard  me presentó un pollo CON TODO Y CABEZA al que me vi en la penosa necesidad de sacarle hasta los pulmones. Debo decir que hoy todavía tengo que practicar cómo se ata un ave de corral.

Pero cuando sí grité como niña de 5 años que se acababa de encontrar un bicho en su recámara fue cuando en la práctica número 7 me tocó freír pequeños cangrejitos y hacerlos bisque. El platillo quedó para chuparse los dedos, pero el proceso no sé para quién fue más doloroso, si para ellos que murieron al freírlos en aceite de oliva o para mí que los tuve que lavar vivos, freír y luego apachurrar con un mazo... creo que todavía hago muecas de pensar en repetir el platillo en casa.

Claramente no es lo mismo ir al mercado y comprar 4 filetes de pescado, ir a un restaurante durante unas vacaciones en Martha's Vineyard y pedir una langosta "viva", o recibir los crustáceos en un empaque en el que están adormilados y preparar la ensalada que acompaña al aguacate apachurrado que alguien osó llamar guacamole y del cual mejor hablamos en la próxima entrega porque creo que aún no me sobrepongo ni del encuentro cercano con las pinzas de los cangrejos ni del pseudo guacamole batido con el globo, ¡jajajaja!

Sebastián, atónito de que sus amigos murieron fritos
Fuente: Disney Best Side Characters

sábado, 7 de febrero de 2015

Just add a Little Butter

Until I came to live in France I watched a lot what I ate. Then, I came here and it all changed. Why? Very simple. The products I was used to getting were no longer available. I had to adapt myself to not having things such as nonstick spray to avoid using oil, or 2% milk that would not upset my stomach, or even my delicious manila mangoes... they don't even know they exist in these latitudes. And I don't intend to sound as a whiner, it's just a mere few examples on how diets tend to change also with the rest of our lives when we move to new places. So, instead of having papaya with lime juice and salt for breakfast I quickly (and needless to say, happily) switched for croissants with marmalade or baguette with butter spread and marmalade if no pastries were available.

But after just a few classes at the well-renowned institution teaching me the foundations of the French Culinary Arts, I found I had to embrace using an additional 'little bit' of butter. It doesn't matter if we are talking about desserts, sauces, tarts, fish, or whatever one might feel like having, there's always a vast potential for that tiny extra 'noisette de beurre' to be used in the preparation to be tasted. 

The other day, in the middle of a demonstration class I even had the nerve to laugh out loud when the Chef promoted putting what seemed to me as half a kilo of butter -of course I am exaggerating as much as possible- to the Sole Meunière which tasted delicious and whose recipe requires frying the fish in bubbly melted butter. And, I didn't mean to be or sound rude at all, but this way of cooking, though it's quite tasteful and I can't deny that I am liking every day a bit more, it surely is very different from those health charts we used to have back in grade school or which are distributed by nutritionists when one wants to lose the uncomfortable love handles acquired with age, lack of exercise, and sedentarism... oh, and McDonald's. Hahaha!
Then again, it may be healthier to have the little extra yellow fat to make food shine or taste better than stopping by the drive-thru.

Sophie about to attack her Quiche Lorraine:
It's gotta be the butter's fault!

viernes, 6 de febrero de 2015

El arte de cortar verduras dignas de revista sin cortarme los dedos

La primera semana de clases parecía ser que uno de los retos más importantes sería levantarme a buena hora para llegar a clase. Para mitigar el riesgo de quedarme dormida he decidido dormirme a la hora que mi madre me habría mandado a la cama cuando iba en la secundaria; bien, exagero, pero es cierto que trato de dormir a más tardar a las 10:30 de la noche. Así, por lo menos hasta el día de hoy no ha habido sustos matutinos. Esperemos así siga.

Tras las clases de orientación, higiene y demás temas que si bien son igualmente importantes que las prácticas frente a las hornillas, aún estaba yo tranquila y no me sentía todavía bajo presión. Quería leer todo el material electrónico que me entregaron en una memoria USB y hasta planeaba leer por completo el libro de consulta. Aún espero lograrlo antes de que tenga que estudiar para el examen final, jajajaja!

Atónita por las biografías de los chefs que estarían a cargo de mi formación llegué a mi primera demostración. Tocó estar con un hombre de baja estatura, que parecía ser muy gentil porque hasta echaba alguna bromilla por aquí y por allá, pero cuyo paso por el Palacio del Eliseo y el haber cocinado para la mismísima reina de Inglaterra me sonaba bastante serio. Él nos enseñó, con toda paciencia, todas y cada una de las formas posibles para cortar, rebanar, picar y hasta tornear las verduras.

Con toda honestidad me sonaba y parecía sencillo, él lo hacía en un abrir y cerrar de ojos... hasta que me tocó tener en mi mano el cuchillo por el mango. Había que estar derecho, bien plantado, fijar la tabla de picar, sacar el trabajo correctamente y encima no cortarse con tremendos filos. Por primera vez sentí miedo de rebanarme un dedo, porque ¿sabía usted señor lector que un dedo generalmente no se puede pegar de vuelta? ¡Ay, qué susto! Y obviamente, ¡zaz! que me corto. Pero que no cunda el pánico que solo fue un poquito. A decir verdad, dolió más el orgullo por haber sido la primera en derramar una gota de sangre que otra cosa. Al día de hoy mis "brunoises" siguen estando muy grandes, mis "julianas" muy gruesas" y las papas ni son todas del mismo tamaño ni tienen 7 caras, pero ahí va la cosa. Seguiré practicando el fin de semana; suerte que ya es viernes y mañana es el primer sábado que no tengo clases.

Ahora, corro a la última clase de la semana y no dejo evidencia fotográfica porque simple y llanamente no cuento con ella.

¡Buen fin de semana!

martes, 3 de febrero de 2015

A las 8:30 AM en punto

Aún estaba de vacaciones, pero la emoción del proyecto que empezaría el 6 de enero cada vez invadía más mis pensamientos. Las emociones salían a flor de piel a cada momento que alguien me preguntaba algo, lo que fuera.

En este siglo en el que estamos conectados al internet en todo momento y que incluso cuando andamos lejos de nuestro lugar de residencia buscamos colgarnos de alguna red pública o wifi que encontremos disponible, no es sorpresa que mientras esperaba el autobús de vuelta a casa actualizara mi buzón de correo electrónico. Así, encontré el mensaje que me pedía llegar el día de bienvenida para la platica de orientación y la entrega de materiales y uniformes puntualísima a primera hora. Por lo general llego a mis citas en tiempo y forma, pero este día quería serlo aún más.

La noche previa al "Día-D" me dormí temprano. Creo que apenas pasaban de las 22:00 horas y yo ya me disponía a dormir cual escolapia de primaria. Cierto es que la mente le juega a uno en todo momento, día o noche, así que no pude quedarme en los brazos de Morfeo más allá de las 5:30 de la madrugada. Mi padre habría estado orgulloso, a mí me hubiera gustado dormir un poco más, pero la verdad es que no parecía necesitarlo. Estaba lista para tomar posesión de las hornillas, así que me arreglé, desayuné y emprendí camino. Pensé haber llegado demasiado temprano, pero no fue así. No era yo la primera, pero faltaban más de 30 minutos para el supuesto inicio de la sesión en la que se requería estuviera yo presente.

La segunda sorpresa fue cuando entré y en la recepción había personas de todos los orígenes acogiendo a los nuevos alumnos en nuestra lengua materna y por nuestro nombre de pila. Totalmente mi estilo. Eso de ser el alumno número  de matrícula 15 854 no va conmigo; me hace sentir terriblemente infeliz.

Antes que todo, había que llenar formularios. Luego vinieron las palabras de bienvenida, los recordatorios al reglamento -que aunque parecían ser muy cercanos a los de una escuela militarizada, es completamente comprensible dados los riesgos que se viven en una cocina- y claro, el que cada alumno se presentara a sí mismo y dijera su país de procedencia, no sin antes haber sido convidados un café, un jugo de naranja e incluso algún bollito de esos que se acostumbran en los ricos restaurantes franceses a la hora del desayuno.

Más tarde nos llevaron por aquí y por allá, recorrimos todos los rincones del edificio en el que pasaríamos por lo menos los siguientes tres meses, pues cada quien trae un plan de permanencia distinto. Fuimos al departamento administrativo para verificar datos, papeles, etc. y finalmente nos probamos los uniformes que recibiríamos inmediatamente junto con el material didáctico y de trabajo.

En ese momento fue cuando las cosas tornaron su curso, pues aún cuando todo era paz y tranquilidad en el entorno, mi yo interno tomó posesión de mi persona y me sentí completamente abrumada. Nada malo, pero sí unas enormes ganas de sentarme a llorar, pero no de tristeza, todo lo contrario. Quería gritar a los cuatro vientos ¡GRACIAS! una y otra vez porque estaba aquí, donde siempre había querido y hasta soñado desde muy pequeñita, pero cuya realización no sería sino hasta ahora. Y en ese momento me parecía prácticamente inverosímil. Creo que ya había almacenado el anhelo en algún cajón. Cierto es que desempolvarlo y perseguirlo con ahínco hasta lograrlo fue lo apabullante. Ahora, los próximos nueve meses viviré en estos pasillos que huelen a mantequilla mañana y tarde, responderé Oui, chef ! tantas veces como se me pregunte algo y seguramente consumiremos en casa tantas calorías como prácticas  haya en la escuela y por qué no, en la cocina de casa.


miércoles, 21 de enero de 2015

Goodbye 2014

One of many paths that 2014 brought
and which shall be kept in my heart and my mind

Come January 1 we expect great things to happen in our year. With age, we try to be more realistic. We stop dreaming as much with the unimaginable and, at least for me, I try to focus on what it can be seen as achievable. In my mind, after 20 days have already passed by from that evening when we said farewell to the year that ended December 31, I smile and briefly remember as much as possible of what I made happen. Definitely, one for the books... or better said, for memory lane. Many kilometers were walked, flown, and ridden within different corners of the world. New places were discovered, and just as it should, new faces came about and others left.

The year started in Belgium if I recall correctly in the middle of quite a firework performance. We had our frights during that 4-day stay, not all of them worth it, but we came back home all safe and sound with everything we were supposed to.

Then, as the Spring started to arrive, my warmth factor started to need Vitamin D and as I have done in the last few years since I became an expat in France, an escape was necessary to sunny Mexico. I like to think I bring back with me the first rays of sun of the season. Many encounters with some that I hadn't seen in only a year, but with others that I hadn't met with in around 30 years. Oh, dear, that sounds like a big number, hahahaha!

So much for the sun, he left again, and so did I. A brief escape for a tiny bit of Germany to come before my eyes. What a beautiful place! Small, picturesque, but big enough to call it a city. So many things to see and visit... but definitely the best was the cathedral. Many had told me about it, but I think I stared in awe for at least half a minute before I could pronounce a word.

The Summer arrived later than it was expected, nonetheless, yes, it is the best season of the year in this latitudes and our most favorite visitors came back. It is true that the more life provides us with, the more we want. It was our first chance to get together under the sun, to do picnics, to walk until late at night, and the two weeks came to an end too darn fast. Kiss n' cry, again, for the third time in the year. This loving thing hurts...

Back to School season and in France it is not just school, but everyone goes back to their main activity, and this year it was time for me to find a new project and set the scene for it to become a reality. The year was soon coming to its end. What a marvelous one it's been!

A new book with 365 blank pages was to be delivered and it would be up to us to make the most out of them and make them shine, even more than the previous one.



martes, 20 de enero de 2015

Cuando voltee para atrás y supe que todo había valido la pena

A veces parece que fue ayer. Otras tantas parece que ha pasado mucho tiempo por todo lo que se ha vivido, sin embargo, cronológicamente solo han sido 5 años y la vida ha cambiado por completo. No ha sido fácil; me parece que he reaprendido hasta cómo hacer sopa, y en toda la extensión de la palabra no estoy exagerando.

El camino empezó bastante brumoso y sin rumbo conocido alguno. Cada uno andaba por su vereda y solamente nos encontrábamos en las bocacalles. Poco a poco fuimos uniendo nuestros andares y compartiendo vivencias, pero nada más. Luego vino esta invitación que nos daba la oportunidad de crecer e inventarnos algo propio, de echar un poco de raíz y soñar. Muchas veces me he querido dar por vencida, pues soy muy visceral, pero qué suerte tengo que en este tiempo he aprendido el significado de balance. Claro, aún hay veces en las que exploto como palomita de maíz, pero gracias a su calma, su paz, su capacidad de estar "zen", algo se me contagia y recupero mis cabales.

Así, llegamos a un lugar que hubo que convertir en hogar, trajimos gente querida con la que teníamos que lograr encontrar no solo la comodidad, sino llegar al punto de sentirnos verdaderamente en familia y hemos emprendido incluso nuevas aventuras de recreo así como intelectuales que podrían ayudarnos a emprender un futuro profesional diferente.

No cabe duda que aún cuando estoy lejos de llegar a ser ese ser de luz en el que aspiro algún día convertirme y que seguramente andares difíciles podría yo encontrar a la vuelta de la esquina, hoy agradezco mi presente, pero sobre todo, volvería a recorrer el camino, no obstante lo empedrado que lo encontré para llegar a mi "hoy" porque sé que al final del camino me encontraría con Ustedes y esta maravillosa Vida.


Cuando los caminos se encuentran

martes, 16 de diciembre de 2014

Yei!, I Got Accepted

Dear Madame,

We thank you for your interest in our Institution.

We are pleased to inform you that your application has been accepted.

Please find attached the Admission Proposal to return within 10 days, the tuition payment form, the internal rules of the School, as well as practical information concerning student visa and housing in Paris.

The attached Admission Proposal is valid only for the program(s) and date(s) mentioned on the proposal.

Please do not hesitate to contact the Admissions office if you have any questions by email or by phone.

We look forward to hearing from you.

Best regards,

The Admissions Manager

lunes, 15 de diciembre de 2014

Je veux y Étudier

Monsieur, Madame,

Souhaitant vivement intégrer votre formation du Diplôme de Cuisine, je vous adresse par la présente ma candidature.

Lorsqu’ on est enfant,  les adultes nous demandent toujours ce que l’on veut devenir quand nous serons plus grands.  Depuis mon plus jeune âge, je répondais toujours la même chose : Je voulais être chef de cuisine, mais la vie en a fait autrement.  J’aimais la communication à l’oral comme à l’écrit et je semblais avoir un talent naturel  pour les langues. Mes choix se sont finalement tournés vers un métier  de traductrice. Je voulais parler plusieurs langues et aider les autres à casser les murs de Babel.  Cette profession et cette voie était  pour moi aussi un moyen de partager ma culture avec ceux qui s’intéressaient à mon pays, le Mexique.

Un jour, lors d’un repas d’affaires, nous a été servi un des plats les plus célèbres de la cuisine mexicaine, le Chile en Nogada. L’homme d’affaires que j’accompagnais ce jour là comme interprète  me demanda les ingrédients du plat, ainsi que  son histoire.  Vu la passion que j’ai toujours éprouvée et entretenue pour la cuisine, j’avais bien entendu une réponse complète à ses questions.  J’ai vécu de très nombreuses autres anecdotes de ce type durant ma vie professionnelle et j’éprouvais toujours un plaisir tout particulier lorsque les sujets culinaires étaient d’actualité dans les conversations.  Mais la « cuisinière » en moi ne s’aventurait pas au delà des ses petits fourneaux et au grand public.

Les années passèrent et la vie m’a donné la chance de venir m’installer à Paris il y a trois ans.  Je suis alors rentrée dans une expérience et une phase de « femme au foyer ».  Cela a été une occasion formidable pour moi d’explorer mes envies et mes passions,  qui sont trop souvent laissés de côté lorsque la vie professionnelle vous accapare trop.  J’ai un caractère dynamique et curieux et j’ai suivi le conseil d’un vieil ami : j’observais tout, je regardais tout avec attention et essayais de comprendre.  Je prenais note sur la manière dont les gens mangeaient, j’apprenais les ingrédients, les recettes de saison, je me promenais dans les marchés.  Au fur et à mesure, je tombais amoureuse de la France et de sa culture.  Je reprenais aussi conscience de la raison pour laquelle j’aimais la cuisine autant que les langues : elles sont tout deux des éléments immatériels que nous transformons, mais qui à leurs tours nous transforment.

Dans mon pays, l’endroit où les familles partagent une partie importante de leur vie se situe dans la cuisine de la maison. C’est l’endroit privilégié où tout le monde s’installe pour bavarder avec les siens, en particulier  pendant la préparation des repas.  En France, mon impression est que ce moment de partage se situe à table avec la famille ou les amis.

En tant qu’étrangère à Paris, j’ai beaucoup découvert, mais  j’ai encore soif d’apprendre. Je me trouve devant la télévision ou dans les coulisses des librairies, de même que sur Internet à la recherche de recettes et  d’astuces pour faire plaisir lors d’un dîner.  Aujourd’hui, j’en suis persuadée : j’ai un souhait très vif de mettre à profit mon séjour à Paris pour apprendre de manière beaucoup plus approfondie le savoir-faire à la française et la technique de ceux qui ont mené la cuisine à la perfection. Me trouvant à un croisement de chemin, je suis aussi de plus en plus convaincue que là réside mon nouveau chemin professionnel.

Votre établissement détient une réputation indéniable de qualité pour son enseignement.  Je suis très motivée pour devenir l'une de vos étudiantes et espère sincèrement vous avoir persuadé de tout  mon enthousiasme pour cette filière. Je me tiens à votre disposition pour toute précision sur mes motivations à intégrer votre école.

Dans l'attente de votre réponse, je vous prie de recevoir, Madame, Monsieur, l'expression de mes sentiments respectueux.

Très cordialement,

viernes, 12 de diciembre de 2014

37 Moons Ago

17h45 was the time the clock was ticking to when I was born in Mexico City on November 4, 1977. My parents were the happiest and proudest new parents of a 52-centimeter baby girl who weighed 2.8 kg.

Many moons later I hope I still inspire that happiness in my father. I hope I am making it worthwhile for I am trying to not only have fun, but learn every day and become a better version of what I was yesterday. It's not easy, they say and I concur, yet as I turn 37, I would gladly go though everything once again in order to be who I am and learn what I now know, well, almost everything. Yes, there are some events I would rather change or avoid, but as I think twice, it is probably those who have molded me the most. As I child I wanted to be rich and famous. Today, I just want to make a difference and transcend. 

I thank for all who have passed before me. I appreciate each and every lesson I've received because that means learning has taken place. 

For tomorrow I am working on my new dreams. Those I had been afraid to make come true for one or another reason. 

I know there's still much work to do in me, for I am far far away from being perfect. I excuse myself for having deceived you, for having made you suffer, for not being there for you in a time of need. However, please know that you also have a special place in my heart and my mind, notwithstanding physical distance or that we have not been in touch for a long time. 

Thank you for your light, thank you for your absence, thank you for your presence, thank you for supporting my dreams. 

I shall, some time from now, show me and you, them and all it's all been worthwhile.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Mundial del Automóvil

Si algo aprendí de lo que gusta y apasiona a mi papá, tengo que decir que son los autos clásicos y el automovilismo de velocidad. Éste último es a lo mejor un poco más difícil de compartir con él al tratarse generalmente de una aventura "para los hombres" solamente, pues las únicas chicas que se aparecen por tal clase de eventos son las voluptuosas modelos y edecanes. Sin embargo, en las exposiciones de autos clásicos es más factible participar. En mi caso en particular mi participación radicaba más bien en siempre ayudarle a buscar las piezas para la restauración de alguna carcacha que se pretendía fuera más que eso, una carcacha.

Así, algo aprendí a pesar de que aún me parece que el clásico no ha quedado tras muchos varios años de trabajo, pues siempre hay 'algún detallito' pendiente por atender. Pero afortunadamente también se puede disfrutar de los adelantos tecnológicos en la industria automotriz, y qué mejor lugar para ver el último grito de la moda que París, pero ahora estoy hablando de las tendencias sobre cuatro ruedas, sobre los últimos modelos y sobre los conceptos que las marcas están desarrollando como posibilidades para el futuro. No recuerdo cuándo fue la primera vez que escuché hablar del famoso Auto Show de París, mejor conocido en estas tierras como el Mundial del Automóvil pero no puedo negar que cuando vi que se realizaría en el centro de exposiciones de la Puerta de Versalles en el otoño de 2012, ni lenta ni perezosa promoví el paseo. 



Entramos y muy duchos, según nosotros, comenzamos a recorrer los stands de los fabricantes que venían de las distintas latitudes del planeta ansiosos por compartir con público aficionado y los profesionales de la industria lo que traían para nosotros. No puedo negar que encontré marcas que nunca había visto como los checos de Skoda, y que la exposición incluyó no solamente automóviles sino también servicios alrededor de la industria como aseguradores locales y publicaciones para aficionados y coleccionistas, solo por mencionar a algunos. Honestamente, nunca habría sido capaz de imaginar en mi mente el tamaño del evento y la cantidad de autos que podría haber bajo un mismo techo. Creo que la última vez que asistí a un evento similar era de menos de la mitad en su tamaño y en su majestuosidad, y fue aquí cuando entendí por qué lo catalogaban como el evento más importante de la industria y la razón por la que se realiza cada dos años. La verdad es que tras haber caminado todo un día decidimos irnos a casa y dejar lo que nos había faltado para una segunda visita. Lastimosamente, a pesar de que volvimos a al fin de semana siguiente, el parque de exposiciones estaba abarrotado y nos fue imposible terminar de disfrutar del evento; terminamos engentados y hasta atolondrados, aunque estábamos también extasiados de haber podido disfrutar de tal experiencia. Para mí, por lo menos, creo que fue uno de esos sueños que no me había siquiera imaginado o atrevido a tener, pues sonaba increíblemente alejado a mi realidad.


Lo mejor del caso y para nuestro beneplácito, la experiencia, con una mejor organización e incluso con conocimiento del desenvolvimiento del evento, pudimos repetirla este 2014. No cabe duda que hay eventos que si tiene uno oportunidad de vivir hay que aprovecharlos cuántas veces sean posibles, pues se volverán inolvidables, aún cuando uno no sea un gran fanático de la industria automotriz, a todos nos gusta ver lo que podríamos adquirir y conocer lo que seguramente siempre estará fuera de nuestro alcance. 



miércoles, 10 de diciembre de 2014

Por fin, sana

Hace algunas semanas compartí en la entrada Volando bajo sobre mi terrible debut de la temporada otoño-invierno en temas relacionados con la salud, pues me pesqué por ahí un bicho que causó una neumonía atípica y asintomática -término utilizado por el médico y que yo solamente repito como periquito- y que me invitó calurosamente a consumir tres rondas de antibióticos que sumaron 26 días de una mezcla que incluyó amoxicilina en su presentación sencilla y compuesta con clavulanato de potasio, así como claritromicina y todo broncodilatador que mis manos podrían encontrar en su camino, solo por mencionar algunos de los fármacos recetados. Hoy, después de varios días de haber dejado de toser como perro y de que mis vías respiratorias reencontraron su estado normal puedo compartir que mi cuerpo está finalmente sano y libre de lo que califiqué en su momento como el peor episodio de gripa-resfriado-influenza o como se le pueda llamar en la vida.

Es que cinco semanas de enfermedad no es de dios, de verdad.

Ahora, solamente espero que sea el único de la temporada.

¡Hasta aquí el reporte, Joaquín!





domingo, 30 de noviembre de 2014

Here, There, Anywhere

How many people can a person meet in his or her own professional path? I honestly cannot count each and every one of them. Many, if not I ought to say most of them have just passed by. They've left a memory or two, but few have stayed.

And from this handful people, if one is lucky enough, there'll be a couple of them who arrive unexpectedly to our lives and a special connection happens. Then, I think I just blinked for a moment, and almost ten years have gone by. What we've got is some kind of soul sisterhood, and I am thankful, for I . But being almost 10 thousand kilometers apart can make one wonder if such a friendship may loose its momentum. The truth, for us, at least on my part, is that we make the most of the moments we have to be together and every chance we get to talk and be up to speed with each other we make the most of it. I am grateful for they host me when I visit my country, they make me feel at home, and they help in whatever way possible. I feel really lucky. It's been quite a ride. Through thick and thin, making the thin lighter and the thick more enjoyable. I sincerely hope it's been a two-way road.

When we first moved to Paris, they were there in the kiss n' cry area to see us off. Just one month after, we met. I had the most pampered celebration possible where I was trying to set my roots. It was extremely nice of them to plan their stopover in this city to stay for a couple of days with us and visit. Truly, I must admit, we got lost, got wet, went up and down the same street quite a few times, but enjoyed the places, the views, and of course, being together. During that first visit we said it would be nice to go beyond the 'périphérique' and get to taste some French flavours of its provinces. It sounded like a good plan.

In 2012 there was no chance for the meet up to take place during the Birthday Season, a.k.a. October-November, but we managed to get together throughout the year and be up to speed with what we had all been up to.

But 213, was completely different. We met in Spring, then in Summer, and finally in Autumn. Weren't we lucky? And we did it on both sides of the Atlantic. We got to spend part of the Birthday Season together, and to discover new places and adventures together.

As 2014 started to develop, we met in March, just as in 2012 and 2013. Back during that reunion a plan for the Tour de France we had talked about a few years ago started to find a calendar as well as a route. An exceptional weekend took place in June thanks to a business trip and two thirds of the group got together, but we anxiously couldn't wait for the Fall to arrive and the plane to land at Charles-de-Gaulle Airport.

October 18 finally came. I arrived with plenty of time, so I sat down at the Arrivals area of Terminal E and patiently waited for them to cross the doors and enter La France. Honestly, as the minutes passed by, my emotions started to own my body and I couldn't read any more, so, I stood up and decided to walk in front of the windows that allow one to see the carrousels where luggage is delivered to travellers. First, there was a flight full of Chinese?, who knows... finally, at the end of the hall I spotted the Mexico flight. Don't ask me how? I just knew by looking at the people, and, there they were looking for their luggage. They saw me as well and we waved hello. I ran back to the Arrivals' Doors. A few minutes later, we were all together and ready to take the streets, landmarks, and even the railroads of La Métropole et La Provence. It's evidently difficult to say how much I enjoyed having them here, chez nous. During the following two weeks we met whilst they made stopovers in the City of Lights, and went everywhere we could, because we would have liked to have more time. Nonetheless, we had a marvellous time.

For the moment, none of us know when the next meeting will take place, nor do we know where. Yet, I am grateful for our get togethers every chance we get.

Ready to Go!

martes, 25 de noviembre de 2014

Volando bajo

Llega el frío y de la mano le acompañan las enfermedades pulmonares. Yo siempre me he jactado de tener buena salud, pero claro, vengo de una familia bastante enfermiza, así que supongo que en tierra de ciegos el tuerto es rey, jajajajaja!

Así pues, la primera temporada de frío me enfermé de gripas y resfriados cerca de una decena de veces. Con el paso del tiempo, la aclimatación, etcétera, etcétera, el año pasado solamente me enfermé una vez. Pero, el 2014, a pesar de que aún no está tan frío como mi mente podría imaginarlo, me tuvo una desagradable sorpresa para las vías respiratorias. Apenas empezó a irse el sol y todo el mundo comenzó a caer enfermo. Yo, no fui la excepción. Me agarré un bicho de esos monumentales. Más de un mes ha sido necesario ya para sanar, amén de las dos visitas al médico, la radiografía de pulmones y los dos tratamientos -uno de ellos calificado como 'de caballos'- y aún toso por las mañanas especialmente. Ya no siento toser como perro ni la falta de capacidad pulmonar, pero sí fue un episodio que podríamos calificar como épico, que no olvidaré y que incluso he llegado a considerar como el peor de la vida, ergo el que trascienda a este rincón, pues si bien la temporada de fiestas navideñas aún no comienza, segura estoy que no voy a olvidar esta enfermedad que mi médico calificó como una neumonía atípica y asintomática.


Seguiremos informando.


jueves, 20 de noviembre de 2014

De visita en la casa del Presidente de la República



Entrando por el jardín
Íbamos llegando a vivir a esta ciudad cuando por primera vez vi el afiche de las llamadas Jornadas Europeas del Patrimonio. Un fin de semana de excepción para visitar esos lugares que normalmente están cerrados al público. Sonaba increíble, pero el proceso de instalación no permitía hiciéramos por el momento una visita cultural de tal envergadura, pues según se escuchaba, la gente debía llegar muy temprano si quería alcanzar entrada o algo así.

Con el paso del tiempo y conforme nos fuimos aclimatando a la ciudad y su programa de actividades entendí de qué se trataba el evento. Permitían que los ciudadanos y residentes visitaran esos lugares excepcionales y que forman parte del patrimonio nacional, los cuales normalmente es imposible entrar porque son oficinas del gobierno, principalmente. Para unos bastaba con levantarse incluso antes de que cantara el gallo y llegar a hacer fila, literalmente al alba. Para otros, había que anotarse en la lista de actividades y/o visitas para estar 'inscritos'. Todos llamaban mi atención, pero si no me levantaba demasiado tarde, se me olvidaba, o no conseguía inscribirme por falta de cupo. Por ello, este 2014 decidí que no dejaría pasar la fecha y que tacharía de mi bucket list, ese lugar que con toda claridad y particularmente me daba más curiosidad que cualquier otro: El Palacio del Eliseo.

La oficina del Señor Presidente
Este antiguo hotel particular, cuya historia comienza a inicios del siglo XVIII y que no me detendré a contar porque de lo contrario esta entrada se volverá un relato bastante más largo de lo que debería, guarda entre sus paredes no nada más la historia de la Francia de aquellos años, sino de la actualidad. No estoy segura si a estas alturas del mandato ahí vive el Sr. Hollande, pero lo que sí no tengo la menor duda es que ahí despacha. Es la residencia oficial de la Presidencia de la República.

Mi compañero de aventuras tomaría un vuelo al otro lado del mundo y no podía acompañarme, sin embargo, mi decisión estaba tomada. No me perdería la visita por ningún motivo. Para ello, me dispuse a dormir temprano, puse la alarma de mi teléfono celular a la pecaminosa y tempranísima hora que consideré adecuado levantarme: 4:00 AM. Me preparé y salí con toda puntualidad para tomar el taxi que había reservado la noche anterior y que me llevaría incluso antes de que comenzara a correr el servicio de transporte público. Mi meta era entrar en el primer grupo. Muchos con quienes comenté mi decisión me voltearon a ver como si quisieran decirme que estaba yo fuera de mis casillas. La verdad es que no. Mis cálculos fueron precisos.

A las 5:30 AM salí de casa bañada, desayunada y bien abrigada. Incluso llevaba una 'segunda ronda' de café entre mis manos acompañada de una lectura para que la espera fuera menos tediosa. Llegué y me instalé. Creo que había menos de 20 personas delante mío. Me sentí orgullosa y me instalé a leer. El metro comienza a correr por ahí de las 5:30 AM también, pero claro que el desplazamiento a esa hora es mucho más eficaz en automóvil, por lo que creo que llegué unos 15 minutos antes que la marabunta de la primera parada que hizo la línea ahí a un costado de los Campos Elíseos. Para las 7:30 AM y sin que aún hubieran abierto las puertas, aquella fila ya daba vueltas como culebra una y otra vez. Era como una larga fila de Disneylandia en pleno verano. Algún policía amablemente compartió que esperaban más de 20 mil personas a lo largo del fin de semana. Con toda honestidad, no puedo negar que conforme el barullo incrementaba y mis ojos veían el entorno, así como el escuchar de los comentarios de los organizadores a un costado de los visitantes, me hacían sentir tremendamente afortunada y orgullosa por mi hazaña. 

Gran salón de fiestas
Finalmente dieron las 8:00 AM, las rejas debían abrir en cualquier instante. Por ahí algunos se preguntaban si el señor Presidente saldría a saludar. Yo pensé que probablemente lo haría con los que estaban un poco más atrás y que lograrían hacer su visita a eso del medio día. Seguramente había a quienes les hacía más ilusión que a mí saludarle. Al entrar me quedé sin palabras. Recorrí pacientemente salones, oficinas, comedor, salón de fiestas, salas de reunión y jardines. Tomé fotografías a mi paso. Me detuve donde mis ojos me lo demandaron.  Menos de dos horas más tarde estaba yo de vuelta en casa con todo y souvenirs.

El resto del día pude haber aprovechado para ir a algún otro sitio y aprender más sobre el patrimonio de este país, pero preferí quedarme en casa, ver las fotografías tomadas y disfrutar una y otra vez de la visita hecha en mi mente y las más de 150 imágenes que había levantado en el recorrido. No cabe duda que si vuelvo a tener oportunidad de hacer este tipo de visita aprovecharé para ir a la Asamblea Nacional o a la oficina de la alcaldesa de la ciudad.

La entrada principal

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Las fiestas patrias

Tenía algo así como nueve años cuando viví mi primera noche mexicana en toda la extensión de la palabra. No era en un salón de fiestas ni en casa de algún familiar, sino en un pequeño Palacio Municipal. Para mí era igual de importante que si hubiera tenido oportunidad de estar en el mismísimo Palacio Nacional. Había una una plaza llena de gente esperando que el Presidente Municipal saliera a dar el grito y ondear la bandera tricolor con el águila parada sobre un nopal y devorando a una serpiente. La música de la verbena popular invadía de norte a sur y de este a oeste la plaza central. Todos cantamos al unísono el himno nacional e hicimos los correspondientes honores a la bandera justo antes del inigualable grito de ¡Viva México!

En otra ocasión, tal vez un par de años después me llevaron a ver el desfile militar de la ciudad de México, del que mi recuerdo más importante del evento es, además de su larga duración y mi hambre matutina, el sonido de la marcha de militares y corceles al pasar frente a nosotros perfectamente alineados. Me parece que todavía puedo escuchar el sonido en mi mente sin mucho esfuerzo.

Obviamente con el paso del tiempo mi forma de celebrar cambió. Cuando adolescente prefería ir con amigos a las fiestas de tipo "Noche Mexicana" en las que era la fecha solamente un pretexto para reunirnos a hacer una pachanga que podía terminar tarde gracias al día feriado del día siguiente. Luego viví la vigilia de las fiestas gracias a mi incorporación al mundo laboral. Pero poco a poco fueron encontrando su espacio de nuevo en la vida. No obstante, aunque parecía ya haber encontrado la justa media, en ese 2011 que nos instalamos por nuestro ahora amado París, creo que fue justo cuando ya estaba toda la ciudad decorada con motivos patrios y que nosotros estábamos por tomar el vuelo que nos traería a nuestra nueva ciudad, cuando me pregunté qué sería de las  fiestas patrias sin los chiles en nogada, unos buñuelos y obviamente, la música del mariachi.

Recordé que hacía varios años ya había yo celebrado el 15 de septiembre fuera de mi país, y coincidentemente había sido en Francia, en otra ciudad y entre puros estudiantes, lo cual cambiaba totalmente el entorno, pero, igualmente me hacía pensar que con toda seguridad podríamos hacer algo, pero nunca imaginé lo que ahora ya se ha vuelto un evento que no quiero realmente perderme.

En aquel momento pensamos haber tenido suerte, pues fue gracias a la atención de un conocido que pudimos asistir. Con el tiempo, eso ha cambiado y nos sentimos mejor acogidos. Ojo, no quiero que se malinterprete, sino que nosotros nos sentimos más cómodos, pues por lo menos un par de caras nos son familiares ahora que han pasado algunos años. No deja de enamorarme la escalera, el vestíbulo de recepción y por supuesto, el momento en el que tenemos oportunidad de estrechar la mano a Su Excelencia. Al llegar, es como entrar en un viaje único, no solamente por el tiempo, sino también por el lugar, pues me siento en un cuento de hadas. Cuando escucho al mariachi que viene desde lejanas tierras tapatías se me pone la piel de gallina y hasta canto bajito, pero por supuesto que cuando se quiebra la voz es cuando cantamos el Himno Nacional y al gritar "Viva" una y otra vez mientras veo ondear frente a mí la bandera.

A lo mejor no lo he dicho antes, pero siempre había anhelado poder vivir una experiencia como ésta. Nunca la imaginé así, magnífica. Aún no sé cuánto tiempo más durará este sueño, entretanto, suspiro porque me faltan matracas y estudiantinas, buñuelos y pozole, pero sonrío ese momentito en el que salgo a la ventana que da a la Avenida del Presidente Wilson y miro la Torre Eiffel iluminada y a mi lado el águila azteca de la bandera tricolor.



lunes, 3 de noviembre de 2014

¡Que comiencen las vacaciones!

Pues sí, a pesar de que el pan de muerto ya está en el horno y que dentro de un par de horas saldré con la banda de brujas, aún no termino con el recuento del verano, pero es que ahora sí voy a hablar del que acabó apenas hace un mes. Como dije hace ya varias entradas, planear estas vacaciones fue una tarea que llevó varios días e investigación, pero afortunadamente estábamos preparados una vez que el "Día-D" llegó.

Una vez que la comitiva completa estábamos en la ciudad, regresamos a casa, dejamos las maletas y ni lentos ni perezosos nos fuimos de picnic. Después de todo, hay que aprovechar que anochece tarde. Recorrimos los escasos 2.3 kilómetros y nos instalamos en el Campo Marte. Con la cesta por un lado y nuestro mantel por el otro, nos sentamos al pié de la llamada Dama de Hierro y disfrutamos de pan, queso, carnes frías, alguna ensalada, sidra fresca, agua y ese pie de limón sin hornear que me encontré en las sugerencias de Martha Stewart preparado a mi gusto. Pero, como este verano, por lo menos en París, la temperatura fue mucho menos agresiva que otros años, la frescura del atardecer hizo que conforme fuera llegando el ocaso consideráramos pronto el regreso a casa. Al final del día, el viaje había sido largo y a la mañana siguiente comenzábamos nuestro propio Tour de France, por lo que volvimos a casa y nos organizamos para salir al alba.



Temprano llegó el taxi por nosotros y nos llevó a la estación de tren. Habíamos decidido descubrir distintos territorios galos que tuvieran alguna particularidad que mereciera la pena destacar. Con la pericia que ya sentimos tener, llegamos a nuestros asientos con tiempo y nos instalamos. Aún un poco somnolientos, pero estábamos listos para emprender camino a primer destino.

Es bien sabido que si en Francia hay una bebida popular es el vino, y el más célebre de entre ellos es la burbujeante champaña. Y cualquier pretexto es bueno para abrir una botella durante el aperitivo y hasta el postre. Así que el primer lugar al que llegamos fue a Reims, donde degustaríamos la fresca bebida de distintas casas productoras, ya fueran éstas las grandes y populares a nivel mundial o los pequeños productores independientes que se encuentra uno en los callejones de los pequeños poblados de la región a un costado del viñedo. Entre copa y copa hicimos visitas culturales que nos dejaron boquiabiertos. Para mí la más impactante fue la del Palacio de Tau, el palacio arzobispal de Reims, donde se guardan grandes reliquias, desde la Santa Ámpula de Clovis con la que se ungía a los príncipes de Francia cuando éstos se convertían en reyes o una espina de la corona de Jesús, sólo por mencionar un par. Claro está que también visitamos la catedral de Reims. Confieso que me hubiera gustado pasar más tiempo en ella.

En las visitas a las casas champañeras me parece difícil decir si me gustó más tal o cual, pues aunque la esencia de todas es igual, cada una tiene su 'algo' que las distingue. Por ejemplo, Moët & Chandon -mi preferida- me pareció preciosa y con una gama de productos muy a mi gusto. Mumm, que aunque conocía de nombre, nunca la había probado y se ganó su propio lugar en mi paladar. Y claro, el pequeño productor se ganó mi admiración y respeto por un producto de gran calidad y que se atreve a seguir adelante a pesar de los monstruos que acaparan gran parte del mercado mundial.


Era hora de seguir con el recorrido y el siguiente destino era la la capital normanda de Caen, de donde saldríamos con el fin de llegar al memorial a los militares que perdieron la vida en el desembarco que justamente este 2014 cumple su 70° aniversario y que no queríamos dejar pasar inadvertido. La aventura normanda comenzó en un pequeño museo de la región que nos transportó al tiempo y espacio. Pasamos ahí un par de horas viendo memorabilia de todos aspectos de la guerra. Creo que el que adquirió más adeptos fue el llamado 'clicker', que como su nombre lo dice, es un pequeño artilugio que sirve para hacer 'clic' e identificarse entre compañeros. Luego vino la visita esperada de la región: las playas del desembarco. Ciertamente fue impresionante llegar al lugar que había yo visto una y otra vez en películas, documentales, fotografías, etc. Podría decir que sentí escalofríos, pero cuando me separé del grupo y realmente me encerré en mis pensamientos fue cuando vi esos cientos de cruces y estrellas de David que indicaban las tumbas en las que yacen los restos de los héroes de la Segunda Guerra Mundial.


Y bueno, como parecía que nuestra visita planteaba cubrir tantos sitios como pudiéramos que estuvieran en la lista de la UNESCO del Patrimonio de la Humanidad, pues no podía faltar el mismísimo Mont Saint-Michel, el cual incluso antes de llegar nos arrancó los suspiros. El día que llegamos era fenomenal y aunque nos tocó un poco de llovizna la visita fue en calma y afortunadamente sin frío ni neblina, claro, era agosto. He de confesar de éste era uno de los sitios que más me llamaba la atención conocer y que lo habíamos dejado pendiente para un momento especial, y así fue. Caminamos hasta lo más alto y recorrimos el monte de cabo a rabo. Disfrutamos de sus vistas, de ese pequeño mundo intramuros que le hace a uno pensar en cómo vivían los monjes, perdón, de cómo viven los monjes ahí y, por lo menos a mí, de ser curiosa de la Mère Poulard y entender, en toda la extensión del término, lo que significa ser una mamá gallina. ¡Ah, qué delicioso estaba ese omelette! Pero creo que comí suficiente como para tres meses, porque a la fecha no he comido otro.


Tras tomar una cantidad incalculable de fotografías desde tantos ángulos como se me ocurrió a lo largo de la mañana, una vez que el estómago estaba satisfecho, y gracias a las indicaciones de un cortés chofer de autobús de la región, decidimos seguir las instrucciones al pié de la letra y en lugar de tomar la autopista a nuestro último destino, nos fuimos 'puebleando'. Ah, pero qué vista tan más deliciosa nos tocó durante esas dos horas de camino. Pura playa, puro pueblito que podía haber puesto en una maqueta de esas de La Petite France.

Finalmente, llegamos a Saint-Malo. Pero qué belleza la ciudad amurallada. Ahí nuestra finalidad era descansar además de conocer y comer bien. Así pues, nos instalamos en uno de los pequeños hoteles intramuros e hicimos una caminata de reconocimiento. Cenamos deliciosamente, gracias al talento de un compatriota que encontramos en el restaurante recomendado en la recepción del hotel que nos hospedaba. Planeábamos salir en la noche, pero al final nos quedamos jugando ajedrez y dominó. Muy tranquilo, de verdad. En la mañana, nos preparamos para ir a la playa, era el momento de tirarnos cuales iguanas al tímido sol en una mítica playa con alberca artificial en el gélido Atlántico Norte. Yo no soy muy de playa, pero mis compañeros de viaje sí, así que con libro, música, lentes de sol, y toda la infraestructura que pueda uno imaginar, me dispuse a disfrutar del día con ellos. Confieso que para las 4:00 de la tarde ya pedía yo algo más que sol, arena y mar. Fueron comprensivos y nos encaminamos al hotel para prepararnos a la cena. Las vacaciones estaban a punto de terminar. Las dos semanas habían pasado volando. Era tiempo de volver a casa.


Aún renuentes quedaba un último día que se podía disfrutar, así que en lo que hubo una última visita a las afueras de la ciudad, yo me quedé en casa para conseguir los ingredientes de una cena de despedida con toques del Medio Oriente. Corrí a la tienda de especialidades libanesa de mi confianza en un barrio cercano y regresé a casa cargada de delicias regionales. Cocinamos todos juntos y luego disfrutamos hasta que no nos cupo más.

No había la menor duda, estas vacaciones habían sido las mejores posibles. Era una opinión generalizada. Hoy, agradezco por el camino recorrido en todo aspecto. Aprendí, disfruté, comí, cociné, corrí, jugué, sonreí y lloré con la mayor alegría posible que la vida me permitió.

Ellas tomaron su vuelo de regreso. Nosotros entre suspiros y algún sollozo volvimos a ese rinconcito parisino que llamamos nuestro hogar con el anhelo de repetir la dosis de aventuras y amor en la primera oportunidad que nos sea permitido.


jueves, 16 de octubre de 2014

Una vuelta por Francia y en bicicleta


Otro evento importante del verano es el famoso torneo del Tour de France. Con el paso del tiempo que he estado en estas tierras entiendo -creo yo- un poco más mi entorno y la práctica de sus habitantes. De pequeña recuerdo que programas de televisión de carácter deportivo hablaban por igual de La Vuelta a España, el Giro d'Italia y del Tour de France. Para mí, en aquellos tiempos no significaba mucho, pues nunca he sido una fanática del ciclismo ni nada por el estilo. Sin embargo, ya con un poco más de consciencia y edad llegó el famoso y ahora polémico Lance Armstrong, porté su amarilla pulserita y por ahí en mi guardarropa deportivo aún tengo una camiseta amarilla de su mismo movimiento. En esos años de "reinado" del señor Armstrong vine a estudiar un tiempo a la pequeña ciudad de Vichy, y por supuesto, resultó muy difícil ver a los ciclistas en esa última y mítica etapa que termina en lo que los habitantes de la antigua Lutecia ahora llaman "La avenida más bella del mundo" : Los Campos Elíseos. Pero todo cambió una vez que nos instalamos aquí.

Resulta difícil seguir todas y cada una de las etapas de la competencia, sin embargo, la cobertura de los medios informativo es muy buena y el encabezado de la sección deportiva de la temporada incluye en esos días el resumen de la etapa, y evidentemente, el listado de ganadores de los anhelados suéteres.

Ahora bien, para terminar tremendo recorrido, la última etapa es en fin de semana para atraer a locales y visitantes de por doquier. Calles y estaciones de metro cerradas, el sol que brilla en su máximo esplendor y que la cobertura televisiva no solamente de la final, sino del recorrido completo forma parte de lo que podría yo considerar la maravillosa campaña interna que hay para conocer este bello país lleno de patrimonio del cual se han de sentir orgullosos los galos.

Llegada del pelotón a los Campos Elíseos en 2012

En fin, la primera final la vivimos ahí, en la avenida que mira atentamente llegar a los ciclistas y los invita a pasar una y otra vez hasta completar ocho vueltas. La espera fue larga para lograr un buen lugar. Sin saber verdaderamente cuánta gente se junta, logramos una muy decente segunda fila. Miramos el desfile de carros alegóricos de las marcas patrocinadoras y claro, esperamos ansiosamente la llegada del pelotón, los vimos pasar seis veces y luego decidimos mejor meternos a un restaurante a ver cómodamente la final en una televisión acompañados de un aperitivo. Pero con el paso del tiempo, también hemos experimentado otras formas de vivir el Tour. En el segundo año tuvimos la suerte de ser testigos del 100° aniversario y por ende, una llegada nocturna a la avenida que aloja al Arco del Triunfo, así que fue mejor verla en la comodidad del hogar. No cabe duda que a veces la televisión en la comodidad del sofá en mi salón es desde donde tengo la mejor vista y las mejores botanas.

Transmisión de France 2
Ultima etapa 2014
Por último, llegamos a la justa de 2014 y nos preguntábamos si verdaderamente queríamos esperar 4 horas de pié frente a las vallas metálicas puestas por la Policía Nacional en la avenida de seis carriles. Optamos que preferíamos mirar por televisión el momento de la salida y seguir el recorrido, vimos cómo brindaron con su copa de champaña y hasta reímos. No cabe duda que la percepción local del consumo del burbujeante vino es distinto al que podría tenerse en otros países. Ya hablaremos de ello en los próximos días. Volviendo al Tour y su llegada a París, cuando los ciclistas estaban a punto de entrar a la ciudad, nosotros también salimos de casa con cámara en mano y emprendimos camino. Afortunadamente no había que caminar mucho, unos 600 metros más o menos. Nos acomodamos en la pequeña calle perpendicular al puente de Mirabeau a un costado de la Vía Georges Pompidou, por donde pasarían los ciclistas. Es cierto, que el momento que podríamos disfrutar de ellos sería de unos cuántos segundos, pero también eramos muchísimos menos y estábamos a una distancia suficiente para llegar nuevamente al cómodo sillón y ver la premiación.

A lo mejor y un buen proyecto podría ser imitar las rodadas que hacen las familias de estas latitudes y conocer algún sitio histórico pedaleando. No obstante, no estoy segura de estar lista para ello, al menos no por ahora.

Cuando pasaron los ciclistas por la Vía Georges Pompidou





martes, 14 de octubre de 2014

Del Chiquitibum a "La Ola Mexicana" en el Maracaná

En realidad el título de la entrada de hoy es un poco impreciso. El primer torneo de Copa del Mundo de Fútbol del que tengo memoria es ese cuya mascota fue Naranjito. No recuerdo mucho, pero cierto es que no he olvidado a la pequeña  naranja con su deportivo atuendo de futbolista, es más, puedo en mi mente aún ver los engomados que la gente pegaba en la parte trasera de sus automóviles, ay pero qué risa sólo de visualizarlo nuevamente, aunque sea por un instante. He de haber tenido unos cuatro o cinco años cuando se llevó a cabo y lo que tengo muy presente es que todos los adultos e inclusive algunos niños estaban versados hacia sus televisores la mayor cantidad de su tiempo libre.

Luego vino México '86 con su Pique Gol y a los seleccionados nacionales cantando aquel himno del mundo unido por un balón  que al día de hoy creo soy capaz de cantar completo, aunque un tanto desafinadamente. No es que fuera muy complicada, pero en fin. ¿Y qué decir de Mar Castro y su personaje que vestía la ombliguera con el logotipo de la cerveza Carta Blanca que a la actualidad muchos hombres aún extrañan? Y ustedes no están para saberlo, pero en mi entorno había una chiquitina de justos 4 añitos que la imitaba y todo adulto se derretía al verla cantar el "Chiquitibum".

Y bueno, así me puedo ir recordando cada una de las llamadas Fiestas del Fútbol celebradas cada cuatro años hasta la brasileña que nos tuvo al borde de un hilo durante 30 días. Y digo nos tuvo, porque a pesar de que yo detesto desde lo más profundo de mi ser esta disciplina, cierto es que cuando se trata de apoyar a la Selección Nacional, pues ahí está uno gritando a diestra y siniestra. No obstante cuán copetuda sea la señora o cuán puritano sea el señor, si los niños están en la habitación o si la mamá intenta desesperadamente dormirlos para ir al día siguiente a la escuela, todos nos volvemos apasionados hinchas que opinamos sobre si fue o no penal, que gritamos toda clase de palabras altisonantes y hasta mentada y media de madre se lleva desde cada hogar el árbitro.

Pero, ¿por qué hago una pausa en el verano si yo detesto por igual al América, el Cruz Azul, el Manchester United, el Real Madrid, el Barça y hasta el mismísimo Panathinaikos? ¿Por qué si quiera sé que existe un equipo con ese nombre? La respuesta es muy simple. Porque como dice por ahí un anuncio de una popular cerveza mexicana: El fútbol nos une.

¿Y en Francia también? Sí, en Francia también. Restaurantes y bares abarrotados a diario con porras de los distintos países, pero los días de juego de "Les Bleus", aaaaguaaas. No sé el resto del país, pero por lo que pude apreciar, la ciudad cuasi paralizada. Los gritos de "GOOOOL" de comentaristas y aficionados sonaban al unísono. Realmente, una fiesta.

Nosotros, de lo que nos acordaremos será del partido comentado vía Hangouts estando cada una en un rincón distinto del planeta, del día de pizzas caseras entre connacionales, de los puritanos que reaccionaban al grito de "PUUUUTOOOO", de las carcajadas gracias al trauma de todos los mexicanos en el mundo por el debate del "no fue penal", del sushi y de la niña de tres años que bailaba frente al televisor tratando de acaparar la atención de su papá y, por decirlo de alguna manera, competir frente a la transmisión del partido considerado como el más importante del momento.

Dentro de cuatro años sepa el sereno dónde estemos, pero seguro habrá una nueva aventura de la cual apropiarse y claro, apoyar a los once que nos representen.

Oiga señor lector, y a todo esto ¿era penal?
¡Jajajaja!


lunes, 13 de octubre de 2014

Como botón de "Fast Forward" hasta el Midsummer de 2014

Bueno, esto del verano ya se extendió y aún no llego a mi relato de este año, pero me había dado cuenta que me había yo privado de compartir tan increíble ruta del 2012. Por ello, ahora avanzaré rápidamente por el 2013. Hace poco más de un año en mi entrada de Veraneando en el Valle de la Loira hice una crónica bastante resumida del recorrido, pero quedo satisfecha con lo dicho, así que prefiero avanzar con rapidez la película hasta el periodo vacacional de hace un par de meses. No puedo negar que una vez que llega el sexto mes del calendario gregoriano, la ciudad se comienza a sentir distinta. Todos hablan de los planes estivales, a dónde irán, qué visitarán y cuánto tiempo estarán en las nuevas tierras por descubrir, pues la gran mayoría de los parisinos tanto de nacimiento como por adopción, intentamos agarrar las maletas y escaparnos unos cuántos días -de perdida-, pues las temperaturas son altas y el factor de humedad no ayuda en nada y, sobra decir, que como el calor aquí no dura mucho, hasta el día de hoy no conozco apartamento o casa-habitación que tenga aire acondicionado, la climatización es un gran lujo que solamente se da en los comercios para alargar tanto como sea posible la visita del cliente.

Y pues no puedo negar que uno se contagia. Así que la agenda comienza a llenarse de actividades, visitas y exposiciones por doquier que uno no quiere perderse. Y este año todo comenzó con bombo y platillo, pues aún antes de la Fiesta de la Música del 21 de junio el proceso de veranificación llegó a nuestro Très Petit Château. Este año prometía ser el más especial de todos. Hubo que revisar una y otra vez calendarios, programas de trabajo y escolares, destinos, transporte, hospedaje, etc. etc. etcétera. Creo que pasamos semanas haciendo bosquejos, pero finalmente todo quedó listo y nuevamente habíamos de darnos cita en la sala de llegadas del Aeropuerto Internacional Charles de Gaulle de la Ciudad de París y esta vez mostrar cuán diferente podía ser la Ciudad Luz cuando ésta tiene algo más que lluvia y frío.

Puesta del sol el 21 de junio de 2014

Pero, regresemos al día del solsticio de verano. Aquí, como en el resto del hemisferio norte es la fecha en la que el día nos dura más -claro que hay en sitios en los que la diferencia es cuasi imperceptible-, el sol anuncia su llegada al no dejarnos dormir más de la cuenta y nosotros nos vestimos de minifalda, gafas y sombreros, y la música invade las calles.

Repitiendo de nuevo este ir y venir en la línea del tiempo con el que he estado jugando desde el fin de semana pasado y recordando lo que ahora ya forma parte de mi historia europea, no puedo dejar de detenerme y "regresar" la cinta un instante hasta la primera Fiesta de la Música, en la que sin saber exactamente lo que nos esperaba nos subimos al metro y llegamos al foyer del Museo de Louvre y ahí, bajo la pirámide de cristal nos sentamos en el piso cuales escolapios, como hubiera dicho mi madre, esperando el bien de dios envuelto en una tortilla, aunque en realidad escucharíamos a la Orquesta de París dar un concierto con el que aunque yo quedé bastante satisfecha, pero que al músico que me llevaba de su brazo le pareció no haber estado a la altura, que el director era quien había trabajado mejor y más nada. Su comentario me desilusionó por un momento, aunque así quedaría guardado en la memoria. Un año después, el festejo fue un desastre total, pues salimos tarde de casa y no logramos asistir a los conciertos que nos llamaban la atención, por lo que volvimos a nuestros aposentos sin éxito alguno y hasta mojados por la lluvia; el sol había sido, desde mi perspectiva, el gran ausente en su propia fiesta. Afortunadamente, en este 2014 caía en sábado y no había poder humano que pudiera hacer que no disfrutáramos del inicio de la mejor temporada del año por estas tierras, y mejor aún, iríamos a escuchar a una querida y joven amiga cantar. Disfrutamos con ella, su mamá y unos amigos que estaban de visita en la ciudad desde el país del Tío Sam. Anduvimos en la calle hasta que el cansancio nos venció, incluso aún antes de que cayera la noche. Irónico, pero muy divertido.

Cuando la música toma las calles

A la siguiente semana se celebró el Midsummer, un festejo que para este par de súbditos del rey Huitzilopochtli era la primera vez que vivíamos. Nos invitaron a tremendo fiestón en el jardín de un castillo privado. Yo, honestamente, no sabía ni qué ponerme, pues no quería ser una facha y tampoco parecer Paris Hilton en la Semana de la Moda, así que seleccioné cautelosamente mi vestido y decidí dejar el sombrero en el armario. Al fin y al cabo no iba a Ascott, aunque tampoco creo, hoy, que hubiera estado mal llevarlo. El lugar es un sueño, la fiesta estuvo divina y lo mejor aún, incluso en tremendo pachangón, los franceses se dejaron llevar por la pasión del balompié que invadía al planeta gracias a la Copa del Mundo. Y aún cuando yo no soy fanática del fútbol en lo más mínimo, he de ser sensata y aceptar que dicho torneo voltea al planeta de cabeza y a la fanaticada nos enferma de su disciplina durante todo un mes, pero de eso hablaré mañana.


domingo, 12 de octubre de 2014

Reencuentros

En varias ocasiones he platicado en este, mi rincón del ciberespacio, sobre los afortunados reencuentros que hemos vivido a lo largo de nuestra estancia en la ciudad de la Dama de Hierro del Sr. Eiffel. De esa misma manera ansiosamente anclamos en Barcelona. Habíamos quedado de vernos frente al Monumento a Colón. Probablemente habían pasado cerca de 20 años desde la última vez que nos habíamos visto. Nos reencontramos gracias a las redes sociales, Twitter específicamente, y en específico por medio de la comunidad de mexicanos que compartimos huso horario y con quienes tenemos más una ciberamistad que otra cosa. Lo mejor de todo esto es que cuando nos vimos, solamente sonreímos, asentimos y nos abrazamos. A partir de ahí todo fue un disfrute, pues caminamos con ese sentido de confianza que da saber no perderse ni tener que estar atento al mapa o al GPS del teléfono, pues teníamos el honor de ser guiados por una amiga, mexicana y lugareña. Realmente una situación inmejorable.

Así, antes que nada tomamos camino a la Sagrada Famiglia. No puedo negar que es preciosa, inverosímil tantos años para poderla terminar e inimaginable su aspecto cuando quede terminada. Me dejó sin aliento verdaderamente, y eso aún con grúas. Media hora de fila para entrar, dicen no fue mucho. 13€ la entrada. Me pareció carísimo, pero valía la pena por entrar a ver tal belleza. Recorrimos en silencio la edificación. Él observaba detalladamente. Yo tomaba una fotografía tras otra. Ella espero pacientemente. 



Al salir nos dispusimos a almorzar en un pequeño restaurante que nos encontramos en el camino. Ah, qué buenas tapas, dijo él. Las mujeres no callaban ni para tomar aire, ¡qué barbaridad!

Una vez que terminamos nos dispusimos a caminar hasta no poder dar un paso más. Habrán sido dos o tres horas, pues recorrimos Las Ramblas y el Barrio Gótico, pasamos frente al Palau Güell, que aunque me hubiera gustado entrar no había tiempo en esta ocasión. Habría que dejarlo para la próxima vez. En fin, entre los 40°C que nos tocaron y tanto andar, llegó el momento en el que nos dimos por vencidos los tres y nos estacionamos a tomar algo refrescante en el clima artificial del aire acondicionado. Y claro, no hay visita que no llegue a su fin. Ella nos dejó para volver al barco que zarparía en menos de una hora. A nosotros nos dolía hasta pensar en caminar. Además, me sentía achicharrada a pesar del bloqueador, las gafas y el sombrero. No obstante, la plática fue una delicia, la visita esplendorosa y aunque nuestro hotel flotante se disponía a un último destino, para nosotros ya no había necesidad de más por el momento. Tocaba descansar y disfrutar de lo que nos quedaba de piscina, antojitos y lecturas. Pronto regresaríamos a casa y había que volver a arrancar motores con toda la energía. Afortunadamente, este último destino nos permitió cargar el alma gracias a la apapachoterapia de mi querida amiga de la infancia. La próxima vez que nos viéramos debía yo corresponder a tantas atenciones y lo haría gustosa.

sábado, 11 de octubre de 2014

De puerto en puerto

Los siguientes días a bordo del buque no se quedaron atrás con respecto al primer par, pues llegamos a la península de Gibraltar, ese lugar en donde España deja de serlo y el Reino Unido no lo es exactamente aunque puede uno encontrar Fish & Chips. No cabe duda que al estar ahí y reflexionar un instante sobre la ubicación exacta del territorio, resulta fácil comprender el porqué de tanta disputa por él. Además, un imperdible, desde mi particular punto de vista era el Peñón y sus famosos habitantes originarios de Marruecos; los macacos de Gibraltar. Unos curiosos y verdaderos -con perdón del calificativo- canijos. Son curiosos, evidentemente, pero también se saben "estrellas de cine" por llamarlo de alguna manera, pues están al alba para agarrarse desprevenido a algún descuidado turista y robarle algo que lleve consigo. ¡Qué bárbaros! Nunca imaginé fueran tan traviesos a pesar de las repetidas advertencias que recibe uno al llegar. Cierto es que desde aquí uno siente que podría dominar el mundo, no hay rincón que sea invisible desde este sitio.


El día pasó demasiado rápido, pues uno quisiera quedarse en este punto del extremo sur europeo desde donde se puede ver el Estrecho de Gibraltar, el Océano Atlántico y cómo se une con el Mar Mediterráneo y al descender visitar el jardín botánico, a pesar de que este último dejó mucho qué desear, pues he visto otros mucho más lindos en otros lugares del planeta. Pero había que continuar la visita, y la siguiente prometía fiesta, o por lo menos eso pensaba yo.



Al día siguiente y al alba, así bien tempranito cuando apenas entraban los primeros rayos de sol por la ventana del camarote, íbamos llegando a la capital española de la fiesta: Ibiza. Esa ciudad en la que uno piensa no hay nada más que música, tragos y pachanga. Y cuán equivocada estaba yo, pensé antes de abordar nuevamente el navío cuando estábamos sentados tomando aquellos tarros de cerveza que de nuevo me remontaban a casi cualquier restaurante de mi tierra durante mi infancia. Usted, querido lector, si gusta de la arquitectura y la historia, le recomiendo visitar Ibiza, pues honestamente aunque se podía notar que había grandes preparaciones para las fiestas nocturnas, hay un rinconcito en el que podemos encontrar la D'Alt Vila o "Ciudad Alta" fortificada de Evissa, la capital de la isla. Este lugar es imponente gracias a sus altísimas murallas de tiempos del Sacro Imperio Romano, cuenta con una entrada principal llamada el Portal de Ses Taules con todo y puente levadizo y claro, iglesias, primero la Catedral de Santa María que, como muchas iglesias católicas está ubicada sobre donde antes estaba un antiguo templo romano, aquí uno dedicado a Mercurio y luego, la Iglesia de Santo Domingo que data del siglo XVI. O sea que en Ibiza, no todo es fiesta, también hubo para cultivarse un poco.



viernes, 10 de octubre de 2014

¡Todos a bordo!

Una vez descansados nos dispusimos a prepararnos para la siguiente aventura que se llevaría a cabo conquistando las aguas del marino Mediterráneo. Dejamos atrás el Puerto Viejo para dirigirnos al Nuevo, el cual muestra la modernidad y el mercado tan importante que representa para el continente esta ciudad. No es el más importante ni el más grande, pero si he de ponerle algún calificativo, debo decir que me pareció magno, esplendoroso y activo. Aquí puede uno encontrar un importante número de edificaciones que muestran vanguardia y desarrollo. Entramos a la zona de registro de lo que sería nuestro medio de transporte y hotel, en donde lo único que nos debería ocupar la mente era relajarnos, alimentarnos, comer y divertirnos durante los siguientes 7 días. Cierto es, que estos navíos tienen una gran oferta de actividades planeadas para el viajero y que uno no hace mucho si no quiere, sin embargo, nosotros no somos de los que vayamos a los acuapilates a las 7:00 de la mañana ni a cenar a las 19:30 con un grupo de desconocidos todos los días, así que disfrutamos de las amenidades según se nos presentaron interesantes, disfrutamos de los músicos que tocaban el piano o el rock n' roll en el lobby central mientras disfrutábamos de algún aperitivo y optamos por seleccionar nuestra hora de cenar cada día haciendo la reserva en el restaurante.


Pero estaba el recorrido que haría tremenda embarcación de más de 10 cubiertas; había mucho por conocer y a pesar de que habíamos planeado unas vacaciones en las cuales sólo aspirábamos a reposar y recargar las energías tras el periodo 2011-2012 que contaba con vaivenes trasatlánticos, mudanzas y un sin número de papeleos, decidimos aprovechar al máximo que había oportunidad de visitar nuevas latitudes para este par de vacacionistas.

En cada puerto de llegada hubo algo que nos cautivó. En Málaga, llegamos en plena semana de fiestas, lo que significó que encontramos a las mujeres vestidas en sus mejores galas andaluzas recorriendo la ciudad. Y qué decir de la Alcazaba, ese palacio fortaleza musulmán que domina gran parte del centro de la ciudad. Una construcción que aprendí era donde los emires árabes vivían cuando gobernaban el reino.




Luego fuimos al Castillo de Gibralfaro, que servía para proteger la Alcazaba y albergaba a las tropas. ¡Qué nostalgia me dio al ver aquello lleno de buganvilias! Y la sorpresa más grande para mis ojos fue cuando llegando al mercado central del siglo XIX y que aún funge como tal y la alameda principal lo único que me vino a la mente fueron mis orígenes aztecas; me hicieron ser consciente de lo que significaba pertenecer a un pueblo conquistado. Al final del día, para mi era la primera vez que estaba en España, la Madre Patria que le llaman algunos. Pues sí, me sentía rodeada de sitios, que aunque mis ojos jamás habían imaginado pudieren ver algo así en donde me encontraba, el alma iba y venía a mayor velocidad que la luz logra hacerlo y viajaba mi ser entre "La Blanca Mérida" y mi aquí y ahora de ese 15 de agosto de 2012.


¡Cuántas sorpresas! Y apenas era el primer destino. La dosis se repetiría seis días más. Las sorpresas apenas comenzaban, y el siguiente puerto era Gibraltar.

jueves, 9 de octubre de 2014

¡A veranear se ha dicho!

Sentarme a escribir esta entrada siempre resulta la más difícil del año. No debería serlo, pues me parece que es la mejor temporada para disfrutar del Viejo Continente. Sin embargo, me parece que tanto bienestar, tanta alegría y tanto disfrute es difícil resumirlo en unas cuantas líneas, así que en esta ocasión me alargaré un poco más de lo habitual. Durante nuestro primer periodo vacacional veraniego al este del Océano Atlántico decidimos visitar uno de los climas más socorridos de la zona; el del Mar Mediterráneo.

Fue la primera vez que me subí al tren de alta velocidad, TGV. Era sábado en la mañana y nuestro destino exacto era el puerto de Marsella. No tenía idea de qué me iba a encontrar. Había hecho un poco de investigación, pero no me sentía con el conocimiento suficiente como para decir "quiero ir a tal o cuál lugar"; tocaba descubrir curiosamente lo que el puerto tenía para ofrecernos.

Así pues, la aventura comenzó desde que salimos de casa listos para la aventura. Jactándonos de adoptar tanto las prácticas locales como las opciones de la modernidad del siglo XXI tan tempranamente como las descubriésemos, emprendimos camino desde el Très Petit Château y nos desplazamos los escasos 300 ó 400 metros a la estación del metro que con suerte nos llevaba directamente hasta el término de la línea 10 - Gare d'Austerlitz. También, llevábamos los boletos impresos para que éstos fueran escaneados antes de subir al tren en una oferta que acababa de lanzar la compañía ferrocarrilera gala exclusivamente por internet, eliminando así prácticamente todo contacto con el personal que atiende al viajero.

Como esperábamos, logramos sin problema alguno llegar sin prisas. El viaje fue de esos que me dejaron boquiabierta, pues viajar a más de 300 Km/hr a nivel del suelo para mí era algo nunca antes visto. Y me fascinó. Pero, ¿qué nos esperaba una vez que llegáramos a nuestro primer destino? Honestamente, ahora me doy cuenta que no tenía la más mínima idea por más que en el trayecto me había dedicado a leer la guía de turismo que hacía algunas semanas habíamos adquirido en una librería de la ciudad.

Bajamos del tren y nos instalamos en nuestra pequeña habitación de hotel. Comenzamos a recorrer a pié los alrededores hasta que nos dio hambre y sucumbimos ante los famosos mejillones con papas fritas. Los ofrecían con distintas salsas; nosotros pedimos una con queso roquefort. Uff! todavía mis papilas gustativas salivan nada más de recordarlos y hace ya varias lunas que me los comí.


Las visitas turísticas incluyeron sitios como la Basílica de Nuestra Señora de la Guarda desde donde además de encontrar una joya arquitectónica y de recogimiento puede uno disfrutar de una vista de excepción del puerto de Marsella.

En el andar, el catolicismo no se deja extrañar un segundo, pues bajamos de una basílica para ir a otra, la de San Víctor. Nos cautivó que su origen data del siglo V, que fue destruida y reconstruida alrededor del año 1040. Entrar ahí fue como transportarme a la Edad Antigua. La construcción estaba fresca y húmeda, y honestamente fue refrescante dados los más de 30 grados que hacían a la sombra. No obstante, me parece que lo más cautivante de esta visita fueron las criptas.



Saliendo, nos dirigimos al descubrimiento de los famosos jabones de Marsella. Nos preguntábamos por qué serían tan admirados y buscados, así que no nada más visitamos y compramos, sino que también preguntamos al respecto. Resulta que es un tipo de jabón del que que se tiene registros existe desde 1320 y cuya fórmula está reglamentada desde tiempos del Rey Sol. Dicha receta, que conoció su apogeo durante la Belle Époque y que en los últimos 50 años se ha visto caer en picada a raíz de los detergentes sintéticos, resulta de la mezcla jabonosa de distintos aceites de esencias vegetales cuyo gran poder limpiador puede obtenerse tanto artesanal como industrialmente. No cabe duda que en cada tierra se esconden historias excepcionales.


En fin, tras una pausa para recargar baterías nos destinamos a una de las islas más famosas de la literatura y de la historia francesa en tiempos del rey Francisco I, la del Castillo de If. Aquí, el Conde de Monte Cristo toma una dimensión totalmente inesperada; ciertamente me sentía ahí, en medio de la acción, como si el propio Dumas me hubiere insertado entre sus páginas.

Al regreso de la isla y para disfrutar de un aperitivo antes de la cena no nos parecía ningún sitio mejor que un sitio ahí en el Puerto Viejo. A pesar de que éste estaba siendo remodelado, había varios lugares en donde se podía disfrutar tanto de la vista como de una buena copa sin que el sol quemara como a las iguanas en el trópico. Y esto era solamente el inicio de nuestro primer verano Mediterráneo.